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PARTY BUS

PARTY BUS - OPCIONES DE DIVERSIÓN EN CDMX 

Es una fiesta sobre ruedas por la capital mexicana.

La cita es a las 22:30 hrs en el centro comercial Reforma 222. Todos los invitados  se concentran en una acera sobre Paseo de la Reforma esperando a que arribe el transporte. Cada grupito de amigos trae sus “víveres”: refrescos, botanas, jugos, globos, serpentinas, confeti, vasos y botellas de ron, cerveza, tequila, vodka, whisky. La ocasión: el cumpleaños de un buen muchacho.

El festejado hace unas llamadas preocupado porque aún no llegan algunos invitados que confirmaron. Y es que si no se juntan más de 25 personas, es posible que la persona que reservó el Party Bus tenga que poner de su bolsa. El Party Bus reservado es de los más baratos: $7,500.00. Demasiado estrés.

Afortunadamente el Party Bus llega poco después de la hora señalada, justo a tiempo para que se integren los que vienen tarde. Circula sobre el carril central de Reforma a una velocidad baja. De lejos parece uno de los llamados “chimecos” o “guajoloteros” que suelen circular en algunas zonas de Ciudad Neza. Pero no, cuando el autobús se detiene completamente, se distingue que es un camión tipo escolar (seguramente en otro tiempo se usaba para esos fines, transportando infantes o pubertos ávidos de conocimiento). Los invitados que previamente pagaron 200 pesotes (el dinero fue reunido por el invitado para pagarle al operador del bus), suben y se acomodan. En el interior se escucha reguetón, hay unas bancas muy angostas en los costados, un tubo en medio (no es para sostenerse, sino para lucirse con el llamado pole dance) y al fondo, la barra.  Ahí todos los invitados dejan a resguardo sus “víveres” y empiezan a pedir bebidas al barman (servicio que viene incluido en el costo del bus). Este jovencito tiene la responsabilidad de organizar las bebidas  y recordar a qué grupo le pertenece cada botella, refresco, etc.

Una noche loca: Party Bus.

Inicia el recorrido aproximadamente a las 23:10 hrs. La velocidad máxima es entre 10 y 15 kms por hora. Destierran al reguetón y algunos invitados conectan sus teléfonos y reproducen su playlist al gusto. A los pocos minutos, algunos se empiezan a preguntar dónde está el baño. Una puertita corrediza que se encuentra justo a un costado del acceso, esconde un flamante inodoro estándar. El espacio reducido para poder sentarse -y aparte hay que convivir- tiene una cubeta con agua. No incluye papel sanitario.

Dadas las condiciones, la mayoría de las mujeres se aguanta las ganas para no enfrentarse a tal comodidad.

El bús recorre Ave. Reforma hacia el centro y toma avenida Juárez. Primer parada: Hemiciclo a Juárez.

Un cigarrito, la selfie con los cuates. No más de diez minutos y el recorrido continúa. Adentro, los invitados ya empiezan a tomarse confianza; los grupitos se dispersan, hay más sed y una que otra osada fémina se enfrenta al bañito. Al desviarse por Eje central, algunos se asoman por la ventana, saludan a los peatones. El joven  barman tiene mucho trabajo. Suena uno que otro éxito actual, electrónica, pop. Los globitos con luces neón deambulan, algunos tienen una existencia breve.

Segunda parada: Garibaldi. El bús se detiene a unos 100 metros de la plaza principal, donde ya no hay autos estacionados o mariachis acosadores. Mientras los invitados bajan a estirarse y fumar (la consigna es no bajarse del bús con vaso en mano, por aquello de las “autoridades”). Alguien  corre a la plaza principal a buscar un mariachi económico para que toque “Las mañanitas” al festejado. Después de unos minutos, cuatro mariachis tocan fuera del Party Bus, mientras los invitados corean y registran el momento con sus teléfonos. No hay lana para otra rola. El bús va a reanudar el recorrido y algunos parroquianos enfiestados que pasan por ahí, quieren integrarse a la fiesta móvil. El operador les indica que es un evento privado y sólo alcanzamos a ver sus caras de perritos abandonados. Los observamos desde la ventanilla mientras el bús se aleja.

El airecito en Garibaldi empieza a marear a muchos de los invitados. Da la sensación de que el bús se mueve más. Malditos baches. Continuamos por Reforma hacia el norte.

La Lagunilla es un lugar pavoroso a esas horas. Después, recorremos una parte de Tlatelolco y vamos de vuelta hacia el centro. El tubo es aprovechado por damas y caballeros. Empiezan a sonar éxitos retro de pop mexicano. Fey, OV7, Magneto, Kabah y sus respectivas coreografías aberrantes. El barman no se da abasto y las bebidas empiezan a agotarse. Y empieza el cruce: los que tomaban whisky se permiten una chelita, los del vodka se empinan lo poco que queda de la botella de ron con el clásico “¡fondo, fondo!” La ideología comunista y jipiosa de “todo es de todos” se respira en el aire. Algunos empiezan a tirar sus bebidas en el piso o sobre alguien que está sentado. El operador del Party Bus empieza a preocuparse. Apenas da la 1:00.

En la tercer parada: Monumento a la Revolución; casi todos descienden tambaleándose. Un mini súper es visto como un oasis para reabastecerse de alcohol, jugos y refrescos. Se rompe el hielo y todos se toman selfies con todos. El pequeño sanitario es el más solicitado cuando el bús arranca. Algunos ya han descargado parte del exceso de alcohol, las botanitas y la cena previa, así que ya no queda nada de aquel reluciente sanitario.

De la última parada, esto es lo único que puedo recordar en imágenes y sonidos nebulosos: Ángel de la Independencia. Alguien organiza dónde será el after party; la cara de angustia del operador al darse cuenta de que el inodoro está tapado y que al día siguiente debe entregarlo limpio… cosas así.

En el último tramo del recorrido el Partybus continúa por Reforma hasta Polanco, da la vuelta, pasa por el Auditorio Nacional y finalmente, la velocidad aumenta hasta llegar nuevamente al punto de partida. Pese a los sobornos que ofrecen algunos invitados al operador para que la fiesta continúe, el Partybus nos bota cual cucurachas fumigadas. Los invitados piden un Uber con lo poco que les queda de conciencia y otros ya tienen  pensado dónde seguir la fiesta. 

Un antro rodante por la capital de México: buena opción para los cuates. 

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