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Kinky Bar

Entonados llegamos después de haber degustado una buena cena e ingerido mucha cerveza en un beer garden en la Roma. Esta vieja casona -que en sus mejores tiempos seguramente habría sido lindo habitarla y tomarte un tecito por la tarde con la tía Tola- no podría estar mejor aprovechada que albergando un antro gay, ya que está justo en la esquina de Amberes y Reforma en plena Zona Rosa.

Después de batallar algunos minutos para estacionar el auto en una oscura calle cruzando Florencia, donde hay una buena cantidad de hombres deambulando (chichifos, pues), finalmente nos unimos a la fila para accesar. A las once de la noche es obligatorio, porque ya hay mucha gente.

En el Kinky cobran $60 pesos de cover y el acceso es rápido si traes el importe exacto y tu credencial de elector a la mano (aunque en casos como el mío no es tan necesario, porque transpiro la mayoría de edad por cada poro). Después de haber sido marcado como vaca con la leyenda “Kinky sábado”  subes unas estrechas escaleras en forma de caracol para llegar al primer piso, donde se encuentra “La Chipocluda Neo-Cantina” en la que puedes bailar y platicar, ya que sirve como área de tránsito para ir al karaoke -que está en ese mismo nivel y que es denominado “La Carpita”- o ir a la “Gran Terraza”, que es donde se concentra la gran mayoría de visitantes y que cuenta con un balcón para fumadores. A la 1 de la mañana el lugar se atasca en todos los niveles, al menos en sábado.

El lugar tiene un concepto que busca unificar cada uno de estos tres espacios; el ambiente es muy relajado, ideal para divertirse, ligar, ponerse pedo y bailar. En cuanto a selección musical no se puede ser exigente, ya que predomina el pop y la música de moda. Los DJ´s conocen el perfil de los asistentes y saben complacerlos y prenderlos.

El tema de conseguir bebidas es complicado, ya que en todas las barras se concentra demasiada gente, pero los precios son razonables. El plus de la barra -para muchos- es que los encargados de atenderlas lo hacen con el torso desnudo (ninguno tiene panza, obvio).

En la Gran Terraza hay una pequeña plataforma (que no parece tan pequeña cuando ves a cerca de 50 personas peleando por un “cachito” para bailar), en la que los Gogo dancers suben cada media hora a mover las carnes.

Entre la gente que puedes encontrarte hay de todo y cada quien está en su rollo; además, los elementos de seguridad están pendientes por si se suscita cualquier problema, por lo que puedes estar tranquilo.

Anteriormente este lugar era el Lipstick, que era un ícono en esta zona, pero con este nuevo concepto pocos lo extrañan.

Hay distintas promociones y temas dependiendo del día, así que te sugiero que los sigas en su fan page de Facebook y Twitter.

A pesar de que afirman que aceptan todas las tarjetas de crédito, lleva efectivo porque en barra, propinas e incluso en el acceso, no las aceptan.

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