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Por Esmeralda Ríos
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Desentrañando el misterio de Cabaret Misterio

En Ciudad Ocio nos metimos a descifrar el enigma de Cabaret Misterio, una propuesta que rompe con los paradigmas del teatro convencional para adultos y niños. Promover la equidad de género es el principal compromiso de Andrés Carreño, su fundador, con quien tuvimos la siguiente charla.

¿Por qué elegir el cabaret como medio de representación escénica?

Tenía ganas de hacer algo y no sabía qué era. A veces decía: “Teatro musical, porque me gusta cantar —pero aunque me gusta y lo disfruto, me falta contenido en el musical—; el circo, por el contacto y el humor, pero no es; el teatro de calle, por el contacto con la gente, pero tampoco es…” Y así estaba, hasta que vi un show de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe. Entonces dije: “Esto, esto es lo que quiero hacer”.

Se conjuntan miles de cosas. Mis papás trabajaban en un cine —mi mamá era taquillera y mi papá era cácaro—, nací viendo una historia repetidas veces, entonces fui aprendiendo. Papá me hizo un teatro de madera, me compraba títeres y me regaló libros de magia. Mamá me llevaba al circo. Me estuvieron influenciando en eso, y al mismo tiempo los acompañaba en las cosas que tenían que ver con la lucha política de su sindicato. Iba haciendo la unión.

Lo político, lo social y el arte, al igual que el show, el humor y el baile, se conjuntaron en el cabaret.

¿Cuál es el misterio que quieres desentrañar a través del cabaret?

Aunque suene trillado, la vida está llena de misterios. Sostengo, sobre todo en el teatro para niños, que el cuestionamiento es la base del crecimiento personal y social.

Si nos cuestionamos cosas y si desde la niñez nos dicen: “se vale cuestionarse”, pero al mismo tiempo nos dicen: “ya cállate, eso lo sabrás cuando seas grande”, se nos cercena la inquietud de preguntar. De modo que partimos de ahí para investigar todo aquello que nos dijeron que no. “No abras ese baúl”, entonces dices: “voy a abrirlo a ver qué hay”.

Preguntarnos sobre los misterios de la vida y la muerte mismas en el sentido poético y, en el político, preguntarnos, por ejemplo, ¿por qué existen los pobres? Porque así lo quiso un ser superior —es una respuesta y se vale—, ¿porque quieren? —una respuesta rápida y cómoda—, pero cuando te sigues preguntando, puedes llegar a concluir: “Ah, no, tengo un montón de factores que hacen que exista la pobreza, y hay personas que permiten que eso suceda para poder seguir enriqueciéndose”. Es decir, tienes las tres respuestas y de ahí armas la que tú quieras.

En este sentido, ¿qué complicaciones encuentran al abordar un texto para niños? Dado que manejas temas que aún son tabú en nuestra sociedad, en pleno 2016…

La problemática tiene que ver con dos cosas: el cabaret es una especialización y el teatro para niños también. Muchas veces se considera que el teatro para niños lo puede hacer cualquiera, y no, desde mi punto de vista, requiere mucha honestidad. Los niños y las niñas van a ser mucho más sinceros y parcos en lo que te digan, así que sabrás directamente si están conectados o no con el espectáculo. Debes buscar cómo contactar realmente con su mundo, es decir, cuáles son sus problemáticas y cuáles son sus inquietudes. Eso implica reconstruir nuestra niñez y a veces no queremos hacerlo, es más fácil crear desde el adulto. Otra opción es decir: “yo te voy a compartir esto que he vivido, pero también sé que a tu edad me preguntaba esto y hace algunos años me hubiera encantado verlo”.

Hay que abordar las cosas desde otro lado, porque el trabajo para niños requiere una simpleza de lenguaje, llegar a la sencillez, pulir. Cuando me dirijo a los adultos puedo decir toda una cuartilla, pero para los niños tengo que decirlo en una frase, la cual toman y siguen porque están aprendiendo un montón de cosas.

Has comentado un poco sobre tus influencias en el cabaret, en la parte para adultos, ¿cuáles son tus influencias en el teatro para niños? ¿Qué es lo que nutre ese universo?

Una persona muy importante fue Luis Martín Solís, porque en la Escuela de Teatro nos dio un taller de creación de espectáculo para niños, donde por primera vez me topo con una persona que, al explicarle lo que quiero hacer del teatro para niños, me dice: “Sí, todo eso sí, no te despegues”. Él empezó a mostrarme ese mundo que yo intuía, como: no botargas, no al teatro de repetir los cuentos de Disney, etc.; él abre este camino.

Maribel Carrasco fue otra buena influencia; también me ayudó conocer las cosas que escriben Perla Szuchumacher y Berta Hiriart; conocí a Emmanuel Márquez, quien me influyó distinto, pues él también tiene una vena cabaretera y me tocó trabajar con él.

Ya ahora, aparte de todo eso, está Oscar Brenifier, un filosofo para niños que me ayuda mucho. Leo libros de cuentos, los de “A la orilla del viento”, todos los de Michael Ende, y he releído los de los hermanos Grimm.

El budismo que practico está metido en las cosas que pienso para niños. Veo todas las películas que hacen Pixar y demás compañías, porque luego son los referentes más cercanos para poderles hablar. Mi discurso de disidencia sexual también tiene que ver con todo a lo que me dedico, es decir, todas las cuestiones de equidad de género, el feminismo y las nuevas masculinidades van mezcladas en lo que hago para niñas y niños.

Así mismo está ahí metida Liza Minnelli, está Meredith Monk, quien hace experimentación con la voz, y Philippe Decouflé, otro coreógrafo francés que ahí se va mezclando.

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