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31 MARZO 2017
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Al fondo, el Auditorio Nacional se erigía apenas iluminado por las luces de la entrada. Tan pequeño como es, me preguntaba si realmente toda la emoción, la expectativa y los cientos de personas cabrían en ese lugar. En las faldas del recinto, con playeras, boletos o pósters en mano, nos encontrábamos para celebrar una noche a la música. Algunos intercambiaban expectativas, otros escuchaban su canción favorita en el celular o trataban de adivinar con qué tipo de show serían sorprendidos. Cuando se trata de Björk, los que apenas la conocen y los que llevamos años siguiendo su carrera, nunca sabemos qué pasará, con qué nueva provocación y propuesta nos encontraremos.

Era evidente que al entrar al escenario y ver los instrumentos montados, tendríamos que ser parte de lo que Björk quería esa noche: sólo cantarnos con una orquesta mexicana detrás de ella. Así, sin más, sin reactables, sin coros, sin nada de lo acostumbrado. Al final, lo más poderoso de Björk vive en ella y sale a través de su voz. Presenciar sus eventos requiere de algo muy importante: entender que un concierto de esta cantante islandesa no es sólo eso, es un performance completo de una de las mejores artistas de las últimas tres décadas.

Un anuncio apareció en las pantallas: A petición de Björk debíamos apagar nuestros celulares y disfrutar del concierto.

Al momento de que las luces se fueron y Björk apareció en el escenario, no pudimos mas que levantarnos, deshacernos en aplausos y reconocer que estábamos delante de ella, algunos con sonrisas, otros con lágrimas, unos más con silencios.

Sabíamos que pasaría, en cuanto Björk empezó a cantar, la noche empezó en serio, y entendimos por qué se ha vuelto referente de tantas voces e inspiración de tantas personas. Y sobre todo por qué ella no es sólo su voz, sino sus movimientos y gestos; su música es corporal y se da en cada parte de su cuerpo.

Stonemilker, Lionsong, History of Touches, Black Lake, Family y Notget , todas del último disco que poco tiene de orquestal se escucharon como una invitación a sentir distinto, a elegir qué mirar, y me gusta pensar que estas canciones resonaron en todos de manera muy similar, ya que Björk tiene una capacidad inmensa para evocar las entrañas de aquellos que se han atrevido a dejarse llevar de su mano.

Para ella no hay límites con la voz, tampoco en la música y menos en las propuestas. Con dos vestuarios distintos nos enseñó que ella no hace discos, sino proyectos que van desde la máscara, maquillaje o vestido hasta las apps o conciertos, y que además apelan a todas las demás artes, desde la literatura, el cine o la danza, hasta el performance o la instalación.

Después de un intermedio de quince minutos eternos regresamos a la realidad, y ahí estaba Björk para recibirnos con canciones de álbumes anteriores, también en orquesta.  Aurora, I’ve seen it all, Jóga, Vertebræ by Vertebræ, Bachelorette, Quicksand, Mouth Mantra, The Anchor song y Pluto. Todas de distintos discos, desde el Debut hasta el Biophillia. No coreamos las canciones, no gritamos ni encendimos los celulares. Simplemente nos sentamos frente a ella y nos dejamos abrazar por su voz, y cuando esta se nos metía a las entrañas, algunos tomábamos la mano de nuestra pareja o simplemente apretábamos los puños; cuando Björk sonreía, nosotros contestábamos el gesto; cuando decía “grrracias”, sólo podíamos admirarla. Y no hubo más. Sólo ella, el silencio dentro de nosotros y las palabras que nos dijo al oído, porque estoy segura que todos los que la admiramos sabemos cómo habla, y una de sus maneras es hacernos sentir lo que pocos artistas pueden: que en un concierto lleno de música, voces, ruidos, escuchemos nuestras propias palpitaciones y celebremos la vida que suena como nuestra canción favorita.

Setlist:

Stonemilker
Lionsong
History of Touches
Black Lake
Family
Notget

Intermedio

Aurora
I've Seen It All
Jóga
Vertebræ by Vertebræ
Bachelorette
Quicksand
Mouth Mantra
Encore
The Anchor Song
Pluto

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