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17 NOVIEMBRE 2016
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“La invitación es a vernos en este teatro tan grande y hermoso (Teatro de la Ciudad Esperanza Iris) pensando más en los años que lleva que en las mil quinientas butacas que tiene. Conectar con ese México y esa época. Ahí nos vemos y nos esperamos.”

Luis Pescetti

Entrevistar a Luis Pescetti… ¡uf! Sentimientos encontrados, el primero: la emoción de charlar con uno de los grandes artistas de nuestros tiempos —compositor, novelista, poeta, cantante, músico—; el segundo: miedo, ¿qué le puedo preguntar yo al maestro Pescetti?

Nos enlazan vía telefónica Argentina-México. Me tiembla un poco la voz, serán los nervios y el frío. En esta ciudad (la CDMX) tan querida por los dos, llueve, las coloridas calles se han vestido de niebla e invierno, aunque todavía es otoño. Llueve, como en una carta escrita a un amor perdido.

¿Era tanto ruido el amor?

[…] Mejor te hablo del tiempo, por ejemplo, que no es

época de lluvias, y llueve.?

Todo se moja sorprendido.

Cartas al rey de la cabina, Luis Pescetti?

Para comenzar, vienes a México el día 24 de noviembre a presentar Cartas al rey de la cabina, un recital basado en tu libro homónimo. Permíteme volver un poco en el tiempo, ¿cómo surgen las cartas de Paloma?

Las cartas de Paloma surgen del sentimiento que me producía la temporada de lluvias en la Ciudad de México, baja la temperatura y se vuelve más íntima una ciudad que es gigantesca y, sin embargo, todo parece cobijarse en esa humedad y esa lluvia; entonces fui hilando historias y anécdotas en mirada de una joven de unos veinte años que pierde a su amor, y descubre que él trabaja en una cabina de una grúa-jirafa; le escribe para entender qué pasó y para tratar de recuperarlo. Es la historia de amor escrita en la voz de una mujer; mediante las cartas de ella, nos vamos enterando de qué fue lo que pasó.

 

Mucho de tu público ha crecido contigo. Cuando escribes para adultos, como en este caso, ¿lo haces pensando como si lo hicieras para los niños que fueron ayer, que te siguieron desde pequeños?

No, uno tiene muchos matices en la vida, en el alma; desde que empecé a escribir hacía tanto cosas para niños como para adultos. Me hice más conocido con todo lo que producía para niños, pero desde siempre hago y escribo para adultos.

 

Eres un artista multidisciplinario, ¿cómo haces para renovarte, ya que trabajas para públicos distintos?

 

Trato de estar en contacto con la gente, bajarme del escenario, como quien dice, metafórica o realmente, de oír las historias y estar atento a lo que me pasa a mí. Se dice que la obra depende de la creatividad, yo siento que no es así, con los años tú adquieres mucho oficio, logras escribir casi sobre cualquier cosa, el asunto es que el tema sobre el que escribas te conmueva realmente. El problema como escritor con el correr de los años no es tanto la creatividad como el deseo, la necesidad de escribir. Lo que agradezco es que el deseo siga vivo.

Viviste un tiempo en México, Cartas fue escrito aquí. ¿Qué significa para ti volver a este país presentando una propuesta para adultos y en compañía de Juan Quintero?

A mí me cuesta la palabra “volver” para México, porque siento que es una ciudad de la que no me he ido, un lugar que sigue en mi vida cotidiana. Supongo, soy como esas gentes que viven en el exilio y se niegan a decir que dejaron su país. A mí me pasa algo así con México, pero lo que representa volver con este libro es ir a hablar de otras historias más maduras.

 

¿Me podrías contar cómo fue este encuentro con Juan?

Sí, Juan es un virtuoso guitarrista y cantautor. Lo conocí en un encuentro de cantautores acá en Argentina, en Alta Gracia, y a la hora de presentar este libro por primera vez hace muchos años —cuatro años o algo así—, se me ocurrió invitarlo a que yo leía un poema y él cantaba una canción, sin otro encuentro previo más que éste. Aceptó, y cuando lo hicimos nos dimos cuenta de que había ahí un recital muy posible para llevarlo.

 

Las piezas musicales —que incluyen a artistas como Joan Manuel Serrat, Juan Luis Guerra y Marta Valdés—, ¿las eligieron entre los dos?

Yo traté de ser respetuoso de que él hiciese el recorrido, lo único que hice fue invitarlo, decirle: “Mira, no es el espectáculo habitual mío, por lo que a mí me conocen, así que escoge canciones también que no sean las habituales tuyas”. Entonces él las eligió; a lo sumo, yo proponía alguna y si a él le latía la dejaba o no.

¿A ti qué te inspira? ¿De qué se nutre tu universo?

Autores, varios, pero para estas cosas (como Cartas al rey), sobre todo, un sentimiento muy profundo, delicado, y lograr hacer mucho espacio, apartarse de todo, mensajitos, correos, el teléfono… De oír lo que pasa más íntimamente en uno.

 

En este sentido, ¿escribes pensando en alguien en particular? ¿A toda la infancia?

Escribo pensando en niños, no siempre en el mismo o los mismos, escribo siempre para un lector u oyente que está ahí… Ahora, por ejemplo… Por no pensar bajé mi pie, pasó una tortuga y pisé a la pobre sin daño alguno, por lo visto. Eso pasó de verdad ahora, no era un ataque de surrealismo. Yo acá muy lírico respondiendo algo y la pobre tortuga diciendo: “¡Oye, aguanta, maestro!, ¡mira para donde hablas!”. Ésa sería la frase, o “mira para donde pisas”. —Los dos reímos. Pienso: “el maestro Pescetti acaba de tomarme el pelo”; su carisma es tan grande que se filtra por las etéreas ondas de una llamada telefónica.

 

Me gustaría preguntarte algo un poco más íntimo: ¿cuál sería la carta que Luis Pescetti aún tiene que escribir?

Ay, qué lindo, ¡uf! Hace un año le escribí una larguísima carta a mis hijos contándoles cómo era mi infancia comparada con la suya, pero esa ya la escribí… Creo, me quedan pendientes dos o tres cartas: una a mí mismo cuando tenía cinco, seis, siete años; otra a mí mismo cuando buscaba por dónde iba a hacer mi carrera, y otra a mí mismo cuando tenga ochenta, noventa años.

Vuelvo a Cartas al rey de la cabina, ¿hay alguna escena en particular que a ti te signifique?

Del libro, quizás el momento en que ella se despide, en que se produce una gran liberación, a la vez, un gran vacío y una gran incertidumbre. La despedida es un momento de gran valentía, porque a veces uno sigue aferrado a algo por no saber para dónde seguir, no por querer seguir aferrado a eso.

 

Aquí encuentro un matiz muy distinto con tu obra, normalmente haces cosas para hacer reír a la gente; en este caso es melancólico, nos muestra otra faceta tuya …

Yo aspiro a mostrar otras facetas de ustedes —concluye Luis, con la sencillez de quien conoce la palabra, pero sobre todo, de quien conoce el lenguaje del alma.

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