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04 OCTUBRE 2016
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Era la noche. Habíamos esperado tanto para ver aparecer a Radiohead. Sabíamos que ningún lugar sería tan grande para los miles de fans que queríamos ver a la banda. Anteriormente llenamos el Foro Sol, ahora estábamos en un recinto más pequeño, cuya acústica no es precisamente la mejor para las guitarras y la voz apocalíptica de Thom Yorke.

Después de escuchar a los teloneros Shabazz Palaces (un dúo de Seattle que prepararon el escenario con su hip-hop que no inmutó a muchos, pero tampoco fue mal recibido), me tocó esperar, ahogada en oscuridad y alaridos, a que saliera la banda en ese Palacio de los Deportes que les quedaba muy corto.  “Lo que más me gusta de Radiohead es su capacidad de reunir tantas generaciones en un mismo lugar”, fue una frase que escuché detrás de mí. No evité volverme, era un hombre de unos 45 años que comenzó a preguntar la edad de los que estábamos a su alrededor; no terminábamos de contestar cuando, exactamente a las 21:12, estallamos en un mismo eco para dar la bienvenida a Thom Yorke, Jonny Greenwood, Phil Selway, Ed O'Brien y Colin Greenwood; así como al baterista invitado Clive Deamer, quienes, como siempre, esbozaron una tímida sonrisa mientras ninguno en el público pudimos disimular la euforia.


Fotografía: Nadia Ramirez Fuentes

Lo sabíamos, iniciarían conBurn the Witch” y “Daydreaming”. Valieron la pena cinco años de espera para volver ver a Thom Yorke transformarse en uno de nosotros, en el Thom que también se rompe en emociones y contiene sus gestos frente a los demás en canciones como éstas.

Le siguieron “Desert Island Disk” y “Ful Stop”, ambas también del último álbum A moon shaped pool, que nos mantuvo leyendo todo al respecto, ya que mucho se dijo sobre el desenlace de la banda después de 23 años del lanzamiento de su primer álbum.


Fotografía: Jesús Sánchez Flores

Señores con camisa desfajada y corbata suelta, chicas vistiendo playeras de conciertos pasados, hombres solitarios con cerveza en mano, adolescentes adosados a sus celulares, filmando el estruendo armónico característico del quinteto inglés; todos coreamos la primera canción representativa: “My Iron Lung”; con la cual todo se volvió sangre hirviendo, y de ahí las guitarras rabiosas siguieron con “The National Anthem”, para después dejarnos colapsar en esa aguda melancolía de “All I need”en ese momento las lágrimas en mí y en muchos más se tiñeron del azul del escenario.

Sólo se escuchó una canción del Amnesiac, “Pyramid Song”, lindo regalo de épocas pasadas. “Bloom” y “Separator” fueron, sin duda, las mejores para continuar con coros que estallaron en luces. En seguida, “Identikit”, una de las canciones inéditas más esperadas desde la sorpresa del nuevo álbum. Y para no romper la atmósfera creada, “The Numbers”, coreada por pocos, mas no exenta de sonrisas. El salto, sin duda, se dio en “Bodysnatchers”, antesala de “Feral”, que luego nos llevó a “Nude”: nos derrumbamos en gritos de felicidad anudados en la garganta, luego convertidos en lágrimas. Sí, una vez más.


Fotografía: Nadia Ramirez Fuentes

Everything in it’s Right Place” e “Idioteque” nos recordaron por qué para muchos Radiohead es más que nuestra banda favorita. Entonces, sucedió lo que nadie quería, el primer encore, momento en que todos estallamos cuando las luces se fundieron en negro. Los primeros acordes de “Let down” nos devolvieron la esperanza, y sacamos los celulares para perpetuar el momento. “Present tense”, también canción inédita del último álbum, sonó para después hacernos bailar con “Reckoner”, buscando imitar el singular baile de Thom Yorke. “Planet telex” le siguió, pero fue con “Weird fishes” que la mayoría de la gente se desbordó en movimientos no controlados y gritos.

Con la llegada del segundo encore, pensamos que era el final, y se escuchaban las peticiones del público, muchos de nosotros coreábamos “True love waits”, en espera de que alguien más se uniera. Sin embargo, llegó el momento más emotivo de la noche: “Fake Plastic Trees” sonó mientras todos sacábamos encendedores para acompañar la voz de aquel que, por mucho tiempo, ha sido el héroe de muchos de nosotros.


Fotografía: Jesús Sánchez Flores

Finalmente, y como al parecer se hará tradición, escuchamos por segunda vez en los últimos cinco años, “Creep”, no la más esperada en esta ocasión, pero sí la canción que nos regresó a esos años noventa en los cuales la música empezaba a cambiar para convertirse en himno. Las 21 700 personas presenciamos un “gracias, México” de parte de Yorke, palabras que se sintieron como un susurro al oído.

Este martes, Radiohead cierra su gira, y no me parece casualidad que sea con un público como el mexicano, quienes sabemos que no bastan 12 presentaciones en México. Siempre esperaremos una más, una ocasión más para volvernos un baile de Thom Yorke, un encore, una canción.


Fotografía: Nadia Ramirez Fuentes

Sobre el autor:

Giovanna Enríquez 
Twitter: @giiork

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