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Por Alicia Ayora
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“Las historias tristes se hacen monótonas en Irak por su abundancia”. Esta conmovedora frase es una de incontables en la novela Adiós, Primos, del poeta y escritor Iraquí Muhsin Al-Ramli. Una mezcla de poesía irónica y comicidad -quizá para hacer menos duros los golpes de lo que la novela representa sobre la existencia humana- alude a uno de los múltiples disfraces de la muerte, en esta ocasión caracterizada con la guerra, como un “mal necesario” que pesa desde hace muchos años en su patria. Idea vendida o impuesta de forma astuta, taimada, siempre cruel e inhumana a los pueblos del mundo a quienes -convencidos u obligados-, el dolor de lo vivido en algún momento arranca aquel disfraz: “Sí, sí, Qasim, ¡ahora entiendo!”. Por su prosa tan genuina, la historia es fresca y se lee sin tropiezos ni respiros hasta el final. Sus personajes representan la diversidad de valores que nos conforman y los sentimientos que nos transforman… como el amor y el dolor inmersos en la lealtad, el patriotismo, la honestidad, la moral, la belleza, la cultura; algunos disfrazados con actitudes para proteger nuestra vulnerabilidad; otros, expuestos sobre la piel de la inocencia; ahí está Abood: "quien nunca había besado a nadie, logró calmar a Ijayel, por esta metamorfosis de hijo despertando pena en el corazón de su padre, si es que Ijayel ya no sentía pena por Qasim, el primogénito". La novela en si es la metáfora del erizo que estalla en las manos de Ijayel; cada página pincha tan finamente por alguna parte las emociones: duele, estruja, pero auxilia a la conciencia para no olvidar que desde hace más de 30 años en Iraq, otros más en el resto del mundo, la gente ha dejado de importar… Que amamos a nuestras patrias, pero odiamos sus sistemas, mismos que han pasado por encima de la dignidad de los pueblos, y además los corrompe… Que los mártires de la guerra no sólo son quienes no regresan, sino todos los que se quedan llorando a sus muertos… Que el hecho de crecer en una misma familia no es garantía de compartir los mismos valores, mucho menos en un pueblo, en una ciudad, en un país, en el mundo… Que desafortunadamente la libertad y el deseo de vivir tienen un precio cada día más caro, convirtiéndose en inalcanzables para la mayoría de nosotros. La historia concluye con “Manos vacías”, sesenta y cinco líneas que reflejan, el dolor del exilio, el mismo que ha vivido el autor. “Nosotros, los esparcidos en el espacio, no elegimos nuestras situaciones actuales…No elegimos tierras nuevas… nosotros, a los que nos echaron de la nuestra antigua cuando fue aplastada sin merced. Por eso aguantamos nuestra agonía, semejante a ser despellejados vivos”. Y para todos aquellos que no hemos vivido en carne propia la guerra o el exilio, “Adiós, Primos” nos recuerda que así duren mil años, no habrá forma de que el dolor y el odio se naturalicen, que el amor se acabe, como líricamente lo describe Muhsin Al-Ramli: “Lloraron hasta vaciar los ojos, aunque sus corazones no se vaciaron”. Esta novela fue ganadora del premio Arabic Translation Award de la Universidad de Arkansas, 'Adiós, primos' forma parte ya de los programas de enseñanza de varias universidades internacionales como Harvard, Michigan, Londres o Babel entre otras. Muhsin Al-Ramli, uno de los más importantes novelistas, poeta y dramaturgo de Irak, es autor de “Dedos de dátiles”, novela editada en Madrid en 2008 por la editorial El Tercer Nombre, y su edición en árabe Tamr al-asabi') en 2009 Beirut, por la Editorial Arab Scientific Publishers, y Argel, Ediciones El-Ikhtilef (co-edición), ha sido finalista para competir en la tercera edición del premio literario más importante para la narrativa en árabe, el IPAF (International Prize for Arabic Fiction/ Booker) como una de las mejores 16 novelas árabes de 2010.

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