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Por Alicia Ayora
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Hay que leer la novela SIDDHARTHA, de Hermann Hesse. Siddhartha es una novela alegórica escrita por Hermann Hesse en 1922 tras la primera guerra mundial. La misma relata cuestiones acerca de la divinidad y la existencia. "Siddhartha" significa "aquel que alcanzó sus objetivos" o "todo deseo ha sido satisfecho". El nombre del Budha, antes de su renunciación, era el Príncipe Siddhartha Gautama, luego fue el Buda Gautama. Hesse era sabio ¡vaya alegoría a la vida humana! Creer es necesario para darle sentido a la vida, y hacerlo sobre la esencia de las cosas puede inspirar a seguir viviendo… ¡y con pasión! Nunca encontraremos pasión (para quienes perdemos el tiempo pensado en ella, por supuesto) si se busca como algo específico o individual; porque quizá está ahí, en el general, por ejemplo la raza humana o en el universo. La ESENCIA es lo que “hace ser” a ese algo o alguien, no es una sola cosa, es una telaraña infinita de relaciones. Explicarme esta idea de la esencia me relaja y mi panorama del mundo se pinta más iluminado, se convierte en un punto de partida en mi quehacer cotidiano. ¿Será la relación parte de la esencia humana, del ser (como somos) y el ser con el otro y con lo otro? Definitivamente creo que sí. Somos parte de un conjunto que conforma el universo donde todo es relacional: nada está aislado. Somos a partir de los otros, sin ellos no somos nada. Sin mi madre no soy hija, sin mis hijos no soy madre, sin masculino no soy femenino y así… La urdimbre de significaciones nos va engarzando. Y de ahí surge cualquier cuestionamiento. Ser parte de ese conjunto, universo o como prefiera ser llamado -que para serlo las cosas que lo conforman tienen que estar en relación-, tengo la impresión de que éste tampoco se acaba, es como un fin relativo, quizá sólo se transforma, la vida en la muerte, el amor en desamor… quizá en odio, la paz en guerra, la unión en separación, la infancia en adolescencia, la adolescencia en adultez y ésta a su vez en vejez… Y así sucesivamente… El camino en llano, el día en noche, la historia de un libro en la historia de vida de quien lo lee; también una canción a quien la escucha…y así. Se transforma porque tenemos memoria, y aun así no sabemos si todo se acaba con la muerte. Posiblemente todas mis explicaciones sobre las cosas son un simulacro, el maquillaje o la representación del sin sentido; una forma de hacer visible lo invisible, o la creación de algo ante la nada. Todas estas reflexiones surgen a partir de mi encuentro con esta novela sublime. En nuestra búsqueda constante ahí estamos tras la razón, la felicidad y la belleza, convencidos de que estas cosas son alcanzables cuando quizá están ahí, aquí, en todo momento, en nuestras narices; en todas y cada una de las cosas, personas o situaciones que nos rodean, y según entiendo, es lo que acaba reflexionando Siddhartha… Mientras nos sumergimos en un caos ideológico, frustración ante la infelicidad y ceguera ante la belleza, sufrimos. Todo sería tan fácil vaciando el corazón de todo contenido y así evitar el sufrimiento. Esto me suena triste y frío, ¿a que venimos al mundo si no a sentir? Aunque a nadie le guste, sufrir sirve. Eleva. Intensifica. Pregunta a los poetas, a los músicos, al arte, a ti, a mí. El sufrimiento es dolor, diría Ciorán: “es un estado orgánico que nos pone líricos”, y ponerse líricos nos inspira a crear. Y “para crear hay que carecer”, bien dice Christlieb cuando habla de la melancolía como el sufrimiento de cuando se acaban todas las cosas (yo diría “cuando dejan de ser lo que eran y se han transformado”). Así que, para evitar sufrir, tendríamos que transformar nuestra idea de amar en lugar de creer que dejamos de hacerlo (yo no estoy dispuesta a perderme de ello). Para no sufrir habría que transformar la forma de relacionarse en lugar de creer que se aísla de todo. Tendría que aislarme del resto de los hombres, del teatro o representación de su sin sentido que puede y no cuadrar con el mío, aislarme de todas las cosas que me provocan pasiones -algo a lo que tampoco estoy dispuesta a renunciar si eso fuera posible- y así no sufrir. Acabar, finalizar o terminar suena drástico, casi como que me arranquen un pedazo. Pensar en la transformación, da la oportunidad de volver las piezas del rompecabezas de la vida en material maleable, flexible, acomodable. ¿Matar toda pasión no requiere romper toda relación? Visto desde mi idea de la transformación, como nada se acaba, podremos pasar la vida tratando de huir del yo o “llegar al no-yo” que buscaba Siddharta, y no habrá forma de llegar. Ayunemos, meditemos, detengamos la respiración, llevemos una vida de ascetas, emborrachémonos, demos un viaje con heroína o cualquier otro intento por romper con las pasiones, los deseos, y así dejar o evitar sufrir. Sólo podremos lograrlo por unos momentos. No hay forma de exterminarlos, pero creo que hay manera de transformarlos. ¿Acaso con un corazón vacío -si es que pudiera vaciarse- puedo apreciar la belleza y el valor de las cosas? Matando los sentidos –si acaso pudieran matarse- matamos el recuerdo y quizá a si podremos evitar el sufrimiento. Pero seremos unas tábulas rasas y yo me niego. ¿Cómo no? Pasar horas pensando y tratando de explicarlas puede parecer estúpido y banal para aquellos que prefieren acumular, lo que a su vez es tan estúpido para aquellos a quienes otras cosas dan sentido. Y ahí estamos todos, en una parte guiados por ideas u opiniones y, en otras, arrastrados por necesidades y deseos. Al final somos parte de la locura inocente y la alegría ingenua de la humanidad que el sabio y ya adulto Siddhartha dejó de ver como despreciable, porque sólo así los hombres cumplen lo imposible, realizan largos y duros viajes, exterminándose los unos a los otros, soportando sufrimientos infinitos y resistiendo todo. Esto es la vida. ¡Ay! Recomiendo el libro. Seguramente generará en cada una telaraña de ideas que tomarán miles de rumbos diversos. Pero vale la pena esa aventura. Este libro jamás envejecerá. Y ojalá nuestro pensamiento tampoco./

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