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Por Roger Mirza
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NO DEJES DE TENER EN TU BIBLIOTECA LA MAGNÍFICA ANTOLOGÍA DE DRAMATURGIA URUGUAYA CONTEMPORÁNEA.      EDITORIAL PASO DE GATO.

DRAMATURGIA URUGUAYA EN EL SIGLO XXI. Prólogo de Roger Mirza

Los criterios para construir esta antología apuntan principalmente a nuevas creaciones que redimensionan la relación entre la escritura y la escena, sin descartar obras renovadoras en otros aspectos, en aras de una diversidad que dé cuenta de algunos aspectos del teatro uruguayo del siglo xxi. Por eso hemos incluido tres obras que responden a una concepción teatral y a una estética que retoman el tema de la identidad, la violencia, el deseo y la subjetivación, a través de diversos enfoques particularmente significativos, como es el caso de las de Liscano, Rehermann y Massera. A partir de la generación siguiente, integrada por Percovich, Suárez, Blanco, Peveroni, Morena, y los más jóvenes, Perrotta, Calderón y Sanguinetti, nos encontramos con un conjunto de dramaturgos que son generalmente directores de sus propias obras y que conciben la creación teatral en permanente interacción entre el texto, el actor y el espacio, en un proceso creativo y performativo que rompe con la preeminencia de lo discursivo para centrarse en la fuerte presencia de lo corporal y en una reconceptualización de los espacios de representación, como aspectos decisivos del espectáculo, al mismo tiempo que se apunta a una reacción menos intelectual y más sensorial y física de los espectadores.

A partir de los años noventa, frente a un mundo dominado por múltiples formas de violencia física y simbólica, así como el bombardeo de estímulos que compelen a un consumo desenfrenado y sin límites que amenaza la continuidad del sujeto y de las redes de solidaridad social, en medio de permanentes crisis económicas, sociales y políticas que obligan a reconsiderar las relaciones humanas y las relaciones entre los países, el arte escénico, como producción simbólica, ofrece la posibilidad de crear formas de elaboración y resignificación de las experiencias individuales y colectivas en un espacio de subjetivación que refleja el perfil de esta cultura de lo inestable y lo efímero, marcada por una estética de la fragmentación y la disolución. Con inevitable conciencia de su dependencia económica y cultural, la sociedad uruguaya asistió así a importantes transformaciones de sus condiciones de vida y de su universo simbólico. Pero, más allá de las coacciones del sistema y de las imposturas de los relatos hegemónicos, el teatro ha sabido crear zonas de libertad y de creación, formas imaginarias que propicien una exploración de la identidad en medio de la incertidumbre, en una estética de la contradicción y la fragmentación, a través de microrrelatos, imágenes, estímulos, que permitan una apropiación intuitiva y sensorial, de la inaprehensible y contradictoria imagen del hombre. En ese contexto han surgido obras que buscan condensar la ausencia de toda finalidad, diversas formas de violencia, discontinuidad de la acción y un rechazo a los desarrollos discursivos y la psicología de los personajes, para explorar las posibilidades de lo insólito, la sorpresa, la conexión con lo arcaico, las fuerzas del inconsciente, el sujeto desinvestido, automatizado.

Así, a partir de textos transgresores y una experimentación con los medios expresivos del actor, han aparecido espectáculos que problematizan el espacio mismo de la representación y las formas de la enunciación, conducidos por directores-dramaturgos que hacen coincidir la escritura textual y la escénica en una sola enunciación, que rechazan el teatro discursivo, las historias y la psicología de los personajes, e incluso la noción misma de personaje, para introducir la experimentación con el espacio y sus fronteras, las zonas de la ficción y las zonas de la realidad. Así, el universo físico de objetos y actores en la escena se une al universo imaginario, el personaje deja lugar al actor, al mismo tiempo que su carnalidad y la fuerza de las sensaciones invaden al espectador y contaminan su universo referencial en una reelaboración de las identidades individuales y del imaginario social. Al mismo tiempo, la multiplicación de estímulos y el desvanecimiento de los personajes como centros de acciones y reflexiones conectan al espectador con sus pulsiones inconscientes. La dramaturgia y concepción escénica se detienen, por lo tanto, en los aspectos más primarios del hombre, cuyo núcleo se vincula con frecuencia con la exacerbación de las tensiones en las relaciones humanas, en una estética del desequilibrio, la inestabilidad, la distorsión de las formas, los ritmos sincopados, la entronización de la fuerza, el sinsentido o el horror sin espanto.

Teatro en Montevideo. 

En el teatro uruguayo pueden señalarse algunos de estos rasgos en los textos y espectáculos de una generación emergente de dramaturgos y directores que irrumpe con fuerza en las últimas décadas, desde los años noventa, para prolongarse hasta el presente. Una generación que toma como modelos y tiene rasgos comunes con el llamado teatro de la desintegración en la escena de Buenos Aires de los noventa, con creadores argentinos como Ricardo Bartís, Daniel Veronese, Rafael Spregelburd y Mauricio Kartun, que buscan el impacto inmediato, la conexión con lo arcaico, lo imaginario, lo inconsciente. Una generación que cuestiona, también, algunos mitos uruguayos de fuerte arraigo en el imaginario social, como la sociedad integradora, el Estado benefactor, la familia patriarcal, la mitificación de algunas figuras históricas, al mismo tiempo que aparecen los intentos de reconstruir la memoria y elaborar el trauma provocado por el terrorismo de Estado durante los años de dictadura. Una generación que retoma algunos postulados de Artaud y de la ideología y estética del teatro del absurdo y que presenta como rasgos centrales “la desintegración, la incomunicación familiar, el feroz consumismo, la violencia gratuita, la ausencia de amor de la convivencia posmoderna que es también intertextual con el contexto social del neoconservadurismo” y que se caracteriza por “el uso del shock, la sorpresa, lo imposible, lo fantástico y el absurdo” como respuesta ante la violencia y abusos en los que ha desembocado en lo económico, social y político el conservadurismo neoliberal de los partidos tradicionales en el poder, en la posdictadura y hasta la asunción del Frente Amplio en el 2005, que marcará un importante quiebre en esa realidad.

La generación de los noventa reivindica, además, la dramaturgia construida en los ensayos, creada en el espacio escénico a partir de los cuerpos y movimientos de los actores, la mezcla de estilos, la fragmentación de la historia, la deconstrucción y desafectivación del personaje.

(LEER EL PRÓLOGO COMPLETO EN EL LIBRO).

Si desea adquirirlo comunicarse a las oficinas de la editorial. O visitarlas. Calle Eleuterio Méndez 11, junto a Casa escritores de la SOGEM. Coyoacán, México. 

(0052) 55- 5688 9232 Ext. 102. Adriana Nájera, ventas. 

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