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¿SHAKESPEARE FUE GAY?

Ciudad Ocio se suma a la extensa lista con que la humanidad celebra los cuatrocientos años del inmortal Sir. William Shakespeare, nacido en Stradford on Avon, Reino Unido, en el 1564 y desaparecido en 1616. El dramaturgo y poeta, tan sólo con sus sonetos, hubiera ocupado un lugar cimero en las Letras, pero lo más conocido de su obra es la abundante dramaturgia que fue capaz de crear. Aunque no se conozcan escritos ni cartas de puño y letra del autor inglés, sigue siendo, hoy por hoy, el más genial escritor de cuantos hayan existido. Hay muchas especulaciones acerca de su orientación sexual. Realmente no es un dato como para cuestionar vida y obra, sobretodo analizado desde la actualidad, donde palabras como inclusión, liberación, género, tolerancia, bisexualidad, transgénero, ya no son etiquetas ni motivos para cacerías de brujas, sino elecciones individuales, defendidas y resguardadas por la ley humana. El joven Shakespeare se trasladó a Londres, primero como actor, logrando inmediata fama y comenzando a probarse como dramaturgo de obras que se abrieron rápidamente camino en las tablas. Su estancia en la capital británica se concibe entre los años 1590 y 1613 aproximadamente… Tomando temas de los anales de Inglaterra y de la historia universal, el cisne de Avon, como se le llama también, trabajó primero con la Compañía Teatral Chaberlain’s Men, conocida luego como King’s Men. Esta compañía era propietaria de dos teatros muy importantes: The Globe y Blackfriars, que llegaron incluso a ofrecer funciones para la corte real. Trabajando aquí consiguió hacer fortuna, con la cual se retiró a su lugar de origen y adquirió la mansión New Place, donde vivió hasta su muerte. En sus poemas, particularmente el soneto número 20, declara su amor por un bello joven y dice de manera literal: “La propia mano de la naturaleza te pintó un rostro de mujer/ Y tienes, dueño y dueña de mi pasión,/ de una mujer el corazón sensible, pero desconoces cuán mutable es”. De entre sus libros de poesía se puede mencionar: el poema Venus y Adonis, de 1593; La violación de Lucrecia, de 1594. Así como esos bellísimos Sonetos de amor, que datan de 1609. Se piensa –continuando con nuestro tema-, que el jovencito del que Shakespeare pudo haberse enamorado se llamaba Henry Wriothesley (1573-1624, tercer Conde de Southampton, quien fuera su mecenas desde los 21 años de edad. El otro candidato a ser la pareja gay de Shakespeare fue William Herbert (1778-1847), tercer Conde de Pembroke. Los sonetos de amor constituyen un conjunto de 154 poemas con la forma de estrofas del soneto de la escuela inglesa. Existe una misteriosa y pequeña dedicatoria en la edición original: “… el único inspirador”. (Se desconoce aún si el editor utilizó un manuscrito con permiso de autor o una copia no autorizada). De la edición, los primeros 17 poemas se dirigen a un único muchacho, invitándole a casarse cuanto antes y tener progenie, para que su belleza y candor no se pierdan, de modo que deje semilla de tal donaire. Se conocen como “sonetos de la procreación”. Y comienza con el verso: “Debería compararte a un día de verano…” En el soneto 20 el poeta zse lamenta amargamente de que el joven no sea una mujer. La lista de poemas de amor registrados con los números 18 al 125 se dirigen también a otro chico. Sonetos apasionados donde el amor gay halla un campo lírico abierto a la Belleza, la Perfección y el Deseo. Los sonetos de amor que están contenidos entre el número 127 y el 152, se refieren a una mujer, atacando la lujuria, la infidelidad, etc. Todo realmente sospechoso, pero cantado desde un alma atribulada por las confusiones del deseo carnal… William Shakespeare en total escribió también catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos, que reflejan los padecimientos del alma humana, los temores, las obsesiones, pasiones y amores de mujeres y hombres, así como una imaginación desaforada dentro de la construcción de las fábulas que consiguió estructurar sabiamente. Ya en sus últimas obras, ocho años antes de morir, se dedicó a escribir tragicomedias, con un acento burlón y cierto tono desesperanzado hacia la conciencia del hombre. Aunque a menudo con un final feliz y de reconciliación, como en su texto Pericles. Una de las obras más representadas ha sido La tempestad, cuyo estreno en 1611 puso fin a la prolífica carrera artística, según consignan los estudiosos. Pocos años después de la muerte del poeta y dramaturgo, sus textos se recogieron en el llamado Folio, un volumen que pretendió recoger toda su producción; aunque hay versiones de que muchos de los libretos se hayan extraviado, tal vez para siempre, lo que significaría una pérdida irreparable para la humanidad. Obras como Hamlet, Romeo y Julieta, Macbeth, Sueño de una noche de verano, Las alegres comadres de Windsor, entre muchas más, son un ejemplo de perfección y genialidad. Volviendo a los sonetos de amor, transcribo aquí la dedicatoria completa de la única edición de los Sonnets publicada en vida del creador, el Quarto, de 1609. Está dedicada a un tal “Mr. W. H.”, del que aún nada se sabe… Dice: “Al único inspirador de los siguientes sonetos, el Sr. W. H., toda la felicidad y aquella eternidad prometida por nuestro inmortal poeta, le desea quien con los mejores deseos, se aventura a darlos a la luz”. 126 de los sonetos están dirigidos a ese misterioso chico, con frecuencia nombrado por Shakespeare como “Fair Youth”. Los otros personajes a los que hacen referencia los sonetos son “Rival Poet” y “Dark Lady”, o sea, un poeta rival y una dama de cabellera negra. Todos extraviados en el misterio del corazón del dramaturgo. William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 del antiguo calendario juliano, quizá agotado y aquejado de dolencias, en su casa de Stradford. Como nota curiosa, Miguel de Cervantes Saavedra murió en la misma fecha, pero del actual calendario gregoriano. Paso de Gato y Ciudad Ocio, desde México, se suman a los homenajes y celebraciones de esta efeméride imposible de olvidar. Cuántas veces la humanidad ha cometido reacciones impropias contra sus más amables criaturas del Arte: Johann Gotliess Amadeus Mozart, Oscar Wilde, Virginia Woolf, Charles Chaplin, en su momento, sufrieron desengaños, traiciones y alevosos ataques. No hay que olvidar las palabras de José Martí: “Honrar, honra”.

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