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Por Jimena Eme Vázquez
Fotografías: Proporcionadas por la producción
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Papá está en la Atlántida

Papá está en la Atlántida es una obra que trata sobre la desintegración familiar y  la migración. Dos hermanos huérfanos de madre se enfrentan a la separación de su padre, quien se va a trabajar a Estados Unidos y los deja al cuidado de la abuela. Pero la estancia de estos niños en la casa de la abuela es muy breve, y se ven obligados a irse con otros familiares hasta que, hartos de no encontrar un lugar donde estén tranquilos y felices, deciden ir a buscar a su padre atravesando el desierto.

Esta obra ha sido montada en México y Estados Unidos muchas veces, algunas se ha catalogado como teatro para adultos y otras como teatro para niños. Que los personajes de una obra tengan ocho y once años, no significa que necesariamente esté destinada para presentarse en un teatro los fines de semana al mediodía. Tal es el caso de este montaje, que está en temporada los domingos a las 6 de la tarde en el Foro del Tejedor.

El cartel de la obra le hace referencia al desierto, que por el tema y la última parte de la historia es un elemento muy importante. Sin embargo, nada en la escenografía o el vestuario nos remite a él, así que el espectador no cuenta con elementos visuales que le ayuden a reforzar el contenido del texto. En el vestuario se hace referencia a que son niños, sí, pero no a las condiciones particulares en las que viven. Éstos no son niños a los que sus papás visten de manera coordinada para salir a pasear un domingo, o si lo son en un principio, en algún momento se deberían transformar en otra cosa.

Los actores Marcos Duarte y Guillermo Jair son los encargados de dar vida a este par de hermanos. La relación entre ellos está bien construida y se mantiene constante durante toda la obra. Causan ternura y es fácil empatizar con ellos. A veces las escenas resultan un poco repetitivas y no parece que las circunstancias modifiquen a los personajes, pero eso quizá puede tener su origen en el texto, que por su estructura plantea poco movimiento. No es que no les pasen cosas a los personajes, al contrario, el trayecto de estos niños es muy amplio. Lo que sucede es que los vemos cuando las peripecias acaban de pasar o son inminentes. Esta estructura parece estar construida a partir de puntos ciegos y huecos, pues todo lo que provoca el movimiento está fuera de la vista de los espectadores y es evocada (a veces a cuentagotas) por los personajes.

El hecho de que esta historia pueda ser destinada a audiencias jóvenes y adultas por igual, obedece a que, sin importar la edad, las emociones humanas son las mismas. Cambian los referentes, las maneras de ver el mundo, pero al estar frente a personajes que están configurados como este par de hermanos, la edad deja de ser requisito para poder acompañarlos. Y además está el asunto del tema: sin importar la edad, es difícil entender por qué alguien se vería obligado a dejar lo que tiene, y jugárselo todo en busca de un mejor futuro en un lugar que no conoce y al que preferiría no ir.

De todos los montajes que ha tenido Papá está en la Atlántida, éste es el primero que veo. Es un texto muy conocido que yo tengo en su edición del Barco de Vapor. Ahí pude leer toda la descripción de los montajes que ha tenido y me quedó la sensación de que era algo más grande y más importante de lo que yo había visto. Es una historia de migración y de hermanos. En el Foro del Tejedor, los domingos a las 6 de la tarde, está la parte de los hermanos, la otra yo nunca la vi aunque es cierto que la mencionaron.

Papá está en la Atlántida. Dramaturgia: Javier Malpica. Dirección: Guillermo Jair y Mario Heras. Elenco: Marcos Duarte y Guillermo Jair. Foro de Tejedor, El Péndulo Roma, Álvaro Obregón 86. Domingos de junio y julio, 18:00 hrs.

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