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Por Jimena Eme Vázquez
Fotografías: Proporcionadas por la producción
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El loco y la monja

Ahí tienen que están una monja, un psiquiatra y un psicoanalista en el cuarto de un loco… Parece que voy a contarles un chiste, pero no: es la premisa de El loco y la monja, una obra de teatro escrita en 1923 por el dramaturgo polaco Stanislaw Ignacy Witkiewicz. El montaje, dirigido por Alejandra Aguilar, es la tercera producción de la compañía Orquesta Ensamble Teatral, que se formó hace algunos años con alumnos del Colegio de Literatura Dramática y Teatro.

El poeta Walpurg, el loco, es diagnosticado con dementia preecox y lo tratan un psiquiatra y un psicoanalista, quienes más de una vez debaten sobre el desarrollo de su paciente, enfrentando sus respectivos puntos de vista. Dicho enfrentamiento toma otro rumbo cuando la madre Ana, llevada por el Dr. Gruen, se integra para ayudarle al paciente a desatar ciertos complejos y demostrar la supremacía del psicoanálisis, que todo lo puede, según dice el propio Gruen.

Durante el encuentro que tienen a solas Walpurg y la madre Ana, se habla de la mente de los artistas, de la fe, del amor y de la locura. El tono fársico de la obra permite que todas estas reflexiones lleguen a los espectadores de una manera muy amable y divertida, pero sin perder contundencia. Hacia el final de la obra, cuando toda la situación se vuelve delirante, es imposible no sorprenderse con las vueltas de tuerca.

Si bien la historia se cuenta sin problemas y las cuestiones técnicas están bien resueltas tanto en escenografía como en iluminación, hay momentos en que los actores de esta orquesta se desafinan y no entran en el mismo tono. Por otro lado, me queda una pregunta que nunca he tenido el valor de responderme: ¿Es obligatorio que los actores aparenten la edad del personaje que interpretan? Porque en las escuelas todo el tiempo vemos Otelos de 19 años, pero en el teatro profesional es algo que no pasa a menos que forme parte de la propuesta. En el caso de El loco y la monja es una circunstancia de la compañía: aunque por el texto intuyamos que los personajes son más grandes, la edad aparentan los actores es la que tienen, son muy jóvenes y no hay nada que puedan hacer al respecto. Y está bien, el trabajo está hecho, en general funciona y por eso no me atrevo a juzgar si debieron esperar quince años para montar esta obra porque iba a ser más verosímil.

De cualquier modo, la compañía Orquesta Ensamble Teatral se ganó un premio que le dio la oportunidad de colaborar con la Embajada de Polonia en México para montar El loco y la monja. Ojalá consigan más colaboraciones que les permitan seguir trabajando y seguir probando. Ojalá puedan seguir de cualquier manera. Que el engranaje de las mentes de estos creadores no se atasque y que traigan un cuarto montaje, un quinto… Pero por lo pronto hay que darse una vuelta los viernes a las 21:00 h, a la Sala Novo del Teatro La Capilla.

El loco y la monja, de Stanislaw I. Witkiewicz. Dirección, Alejandra Aguilar. Con Mariana León Lambarri, Alfredo Cruz, Ahaid Bohor, Gerardo Gallardo, Rogelio Lobatón y Pablo Iván Viveros. Sala Novo del Teatro La Capilla. Madrid 13, col. del Carmen. Viernes, 21:00 h. Del 17 de febrero al 31 de marzo.

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