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Por Viridiana Nárud
Fotografías: Proporcionadas por la producción
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Señor Clarini

En palabras de la autora Camila Villegas, Señor Clarini “es una obra construida como un ejercicio de la memoria”, basada en la figura del famoso clown Ricardo Bell, quien es conocido por haber hecho reír en público a una figura contradictoria de nuestro país, el general Porfirio Díaz. Revolucionó el mundo del clown en México; fue salvado por el general, y perdió su casa en la Revolución. Sin duda alguna, la figura de este famoso payaso se nos presenta como un aventurero con tintes trágicos.

Si bien es cierto que la escritora se basa en la figura de Ricardo Bell para crear al Señor Clarini, existen aspectos respecto a la construcción del personaje y del conflicto que se encuentran perdidos. En definitiva, se nos muestra a un Señor Clarini poco carismático y con quien nos es difícil crear empatía, puesto que la trama es inexistente y sólo se nos ha presentado una serie de escenas sin sentido.

Tenemos en un inicio a un personaje enfermo que sabemos que va a morir, y a una hija que desea que su padre le revele un extraño secreto, el cual nunca queda claro para el espectador y, al parecer, tampoco para los personajes. Después tenemos a una misteriosa gitana que pareciera haber embrujado a este señor y lo ha separado de sus hijos y de su vida, pero tampoco queda claro el porqué de esta figura.

Para generar la articulación de la memoria es necesario mantener constructos que permitan al espectador el reconocimiento del alma. Para lograr esto, se debe crear un diálogo o escenas que evoquen a esas reminiscencias que se encuentran encerradas en el cuerpo y que antes habitaron en el mundo inteligible de las ideas.

Por lo tanto, como dramaturgo que pretende hacer un ejercicio de la memoria para formar un conocimiento íntimo con el otro, su tarea es establecer una trama que permita de manera clara el conocimiento de los personajes, saber cuáles son sus sentimientos y qué y por qué habitan esa noche el cuerpo del actor; para, a través de la empatía, nosotros los espectadores logremos el entendimiento no sólo del otro, sino de nosotros mismos. Y si su calidad es arquetípica —en palabras de McKee—, producirá placer en una reacción en cadena, global y perpetua. Algo que no sucede en esta obra.

Por otra parte, la dirección de Ignacio Escárcega es demasiado cuidada, tanto que ha perdido frescura y pasión, mostrando su desconocimiento del clown, prolongando escenas carentes de ritmo, escasamente arriesgadas, teniendo a un Aziz Gual poco espontáneo y en ocasiones aburrido.

Esta obra se encuentra carente de ritmo, de conflicto, de una vida íntima y propia de los personajes. “Señor Clarín” es un hombre que no rinde homenaje al mítico Ricardo Bell y tampoco al clown. Falta pasión, emoción y vida.

Señor Clarín, de Camila Villegas.
Dir. Ignacio Escárcega.
Con: Aziz Gual, Fernando Sánchez Cervantes, Gerardina Martínez, Sebastián Fouiloux y Yoshira Escárrega.
Teatro Helénico, Centro Cultural Helénico.
Av. Revolución 1500, col. Guadalupe Inn.
???????Lunes, 8:30 h. Hasta el 12 de diciembre.

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