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Por Luis Santillán
Fotografías: Cortesía del Centro Cultural Helénico
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Don Juan

Juan José Tagle hace la adaptación del texto de José Zorrilla para presentar Don Juan. Si bien se respeta el verso, la adaptación tiene bloques donde no logra mantener los elementos esenciales del original que son relevantes en la construcción del carácter de los distintos personajes; por ejemplo, la primera escena —en esta adaptación— pierde la clandestinidad del original, pero no lo usa a favor de incrementar el cinismo (o estado alguno) de los personajes, sino tan solo para satisfacer la necesidad de cumplir los referentes del universo que quiere explorar Tagle desde la dirección. En el original, la clandestinidad da pie a que la guardia intervenga en el relato al apresar a Don Juan y a Don Luis; en la adaptación, la “policía” llega, pero es extraño que si la prensa estaba citada, aquellos que tenían deseo de apresarlo necesiten un delator para llegar al lugar de reunión. Y en varios bloques ocurren cosas semejantes en la adaptación.

Si Tagle desea proponer un universo donde las películas de Fellini influyen en la estética, debería construir los signos y no forzar el texto. Por una parte, logra bloques muy limpios, visualmente, pero van en detrimento del relato y sobre todo del carácter de los personajes. La imagen final potencia lecturas múltiples sobre la intervención de Doña Inés pero, al no desarrollar el signo, da la impresión de ser sólo un capricho visual del director.

Apela a referentes propios del mito de Don Juan, como el momento donde emplea a Mozart, sin embargo, cuando entra “su” comendador, éste carece de fuerza, de presencia. José Caballero está a cargo del personaje, no hay una transformación (en el sentido actoral) de cuando el personaje está vivo y de cuando se presenta como la estatua del comendador. Norma Angélica está en el extremo opuesto, en tanto que alimenta constantemente a su personaje, juega con las intenciones de su personaje y logra que haya transcendencia en sus intervenciones. Sofía Sisniega construye a una Doña Inés en la que la mejor parte se da cuando comparte escena con Norma Angélica, en los demás momentos el personaje pierde dimensión, pero no por una carencia de ella, sino porque hay escenas en las que el discurso fluye sin sustento.

En algunas notas se manifiesta que Nacho Tahhan y Salvador Petrola “sortean” quién será Don Juan y quién Don Luis. Quizás ese “juego” afecta la escena, porque la construcción de ambos personajes requiere ser precisa para rebasar el molde vacío. Hacer a Don Juan, en tanto el cliché, es fácil, prueba de ello están todas esas puestas en escena que voluntariamente —o de manera involuntaria— parodian al personaje. Crear al personaje, y no sólo sostenerlo por el texto de Zorrilla, implica un trabajo actoral de gran filigrana.

La propuesta de Tagle para su Don Juan tiene la potencia de ser un referente sobre cómo elevar un texto pisoteado y mal leído; sin embargo, su propuesta, aun cuando alcanza imágenes memorables, se cimienta en querer tener en escena una serie de referentes que no alcanzan a ser signo, de tal manera que se convierten en un acertijo visual.

Don Juan, de José Zorrilla. Adaptación y dirección, José Tagle. Con José Caballero, Norma Angélica, Sofía Sisniega, Nacho Tahhan, Salvador Petrola, entre otros. Teatro Helénico, Centro Cultural Helénico. Av. Revolución 1500, col. Guadalupe Inn. Viernes, 20:30; sábados, 18:00 y 20:30; domingos, 18:00 h. Hasta el 18 de diciembre.

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