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Por Jimena Eme Vázquez
Fotografías: Jimena Eme Vázquez
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La guerra en la niebla

Hace meses que Miguel no está. Uno de los testigos dijo que tres hombres armados se bajaron de una camioneta y se lo llevaron al salir de una fiesta. Las cámaras de seguridad no estaban grabando y las últimas llamadas telefónicas de su celular no revelan nada. Miguel estudió sociología, tiene una hermana llamada Sara, un tío llamado Beny y unos padres, Pablo y Laura, que no pueden dejar de preguntarse dónde está su hijo, por qué a él. Por qué a ellos.

Cuando se ilumina el escenario del Foro Lucerna ya han pasado nueve meses desde la desaparición de Miguel. Laura no se quita la pijama y toma calmantes todo el día, cosa que no le impide vivir en un estado de alteración constante. Pablo trata de seguir siendo amable y estar tranquilo, pero la desolación lo alcanza. Sara y Beny, que parecen más dueños de sí mismos, terminan sacando la rabia a la menor provocación. En esa casa falta algo y se nota. Entonces llega un auto y el Teniente Mondragón toca la puerta de la casa. Él es la última esperanza, por eso lo llamaron. Ya que la policía no pudo o no quiso hacer nada, pues ellos mismos no tienen idea de dónde buscar, este militar retirado representa el único madero al que pueden asirse en medio del mar.


Jimena Eme Vázquez

Mondragón hará su mejor esfuerzo, eso no se le puede reprochar. El asunto aquí es que este país ya es demasiado hostil para los héroes, si acaso podemos defendernos a nosotros mismos, pero resulta complicado no convertirse en el villano de alguien más. En todo caso, cuando llegue el momento de ser villano, se puede dar marcha atrás, regresar a la empatía, la compasión, y tratar de sobrevivir sin hacer daño a los demás.

La obra está dividida en dos actos y tiene un tono realista. A veces da la sensación de que es texto de O’Neill o de Chéjov, pero luego llegan algunas construcciones en los diálogos o simplemente ciertas palabras que bastan para reconocer al autor que ya nos ha contado otras historias. Los cinco personajes están en escena prácticamente todo el tiempo y las relaciones que se establecen entre ellos hacen que los actores estén reaccionando constantemente y en movimiento. Eso sí: si el espectador se concentra en las posiciones de los actores en el espacio, descubrirá el sistema de equilibrio del director: uno en el sillón, otro en una silla, otro en las escaleras, quizá uno más en la caja (o en la otra silla), y el quinto al centro. Pero sin duda ese espectador apenas tendrá tiempo de notarlo, porque de inmediato el texto y las interpretaciones exigirán por completo su atención.

Lisa Owen, Arturo Ríos y Álvaro Guerrero son la dosis de experiencia en esta obra. Ricaño les ofreció personajes que les quedaron a la medida. El reto en este montaje caía del lado joven del elenco: Sara Pinet, Adrián Vázquez y el propio director y dramaturgo, Alejandro Ricaño. No es que ellos no puedan presumir de experiencia, pero es que se pusieron a las patadas con Sansón. Felizmente, Sansón y ellos acabaron pateando para el mismo lado y  sin duda, si retrocediera a hace unos meses, cuando me enteré de que se estrenaría un montaje con este elenco y este argumento, diría que La guerra en la niebla  es exactamente la obra que me prometieron.


Jimena Eme Vázquez

La guerra en la niebla. Autor y director, Alejandro Ricaño. Con Lisa Owen, Arturo Ríos, Álvaro Guerrero, Sara Pinet y Adrián Vázquez. Foro Lucerna. Lucerna No. 64, esquina Milán. Col. Juárez. Viernes, 20:30; sábados, 18:00 y 20:30; domingos, 18:00 h.

Sobre el autor.

Jimena Eme Vázquez
Twitter: @losjimenitos

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