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Por Esmeralda Ríos
Fotografías: Cortesía Cabaret Misterio
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Entrevista a Andrés Carreño

Como asesor en los Encuentros Nacionales de Teatro hechos por Niñas y Niños, ¿cómo influye este contacto en ti?

Primero increíble, porque era un encontronazo con lo que hace la gente del interior de la República. Luego el contacto con niñas y niños da el material perfecto, ya que puedes ver cómo elaboran su mundo, cómo lo construyen, cómo lo cuestionan.

Hablar de teatro para niños es lo más difícil, pues ¿cómo haces de adulto para conectarte con algo que también te cuestionas desde la niñez?, ¿o para  permitir darles voz? Porque lo complicado es que a la niñez no se le considera ciudadanía, ni presente, siempre son el futuro, ya que los niños no votan, son los adultos. Es poca la clase política que de veras se compromete a hacer algo por la niñez. Hay una problemática terrible con la niñez de este país, y la clase política no la está viendo. ¿Cómo hacemos los creadores para dar cuenta de eso?

Otra cuestión es que no necesariamente tenemos que hablar de esto. Una vez en Tamaulipas había un grupo de puras niñas en un saloncito pequeño, afuera veías impactos de bala y de tanques que habían entrado a pelear con el narco, mientras ellas se tuvieron que meter a un cuartito de baño. Yo le decía a la maestra: “¿por qué no hablamos de eso?”, ella me respondió: “las niñas quieren hablar del miedo, pero no quieren hablar de eso, porque lo viven a diario”. De modo que el trabajo implica entender por lo que están pasando, pero no hacerlo desde mi visión de “yo quiero una obra superfuerte”, sino desde lo que ellas quieren hablar, cómo lo viven.

Regresando a este proyecto, me permitió ver los contrastes, me dio todo un panorama de las diferentes niñeces que se viven en este país. Luego dicen: “es la etapa más bonita, no tienes de qué preocuparte”, sin embargo, puede que en este momento una niña tenga más de qué preocuparse que un adulto, depende de en qué sentido estemos hablando.

¿Consideras que el arte escénico tiene una responsabilidad de corte social más allá del estético?

Totalmente. De pronto decimos: “¡Ah, claro!, como soy artista, soy supersensible y veo la vida distinto, ya me elevé en un pedestal y todo lo demás se fue”, y justo es: “No, no sólo nos dedicamos al teatro”, pero los misóginos, los machines, los homofóbicos, los clasistas, no se van, porque desgraciadamente sus ideologías son lo que impera en la educación.

Hablando con un dramaturgo, le pregunté: “¿por qué pones eso?”, y me respondió: “es que yo retrato la realidad”, a lo que le dije: “pues qué padre, pero ¿para qué la retratas si ya la vimos?”. Dónde está nuestro punto de vista y dónde está nuestra aportación de decirle a la niñez con el arte: “Sí, tienes el poder de cambiar”.

Por eso el cabaret tiene que ver con esta visión de la sexualidad, de romper con el machismo, la misoginia, la homofobia. Eso, para mí, está presente en todo. Cualquier historia que quiera contar está atravesada por estos ejes.

 

“Necesitamos ir al teatro, necesitamos ver cosas que nos hagan reír y que nos abran la mente, que nos relajen y que nos conmuevan, y que hagan que, por un momento, la mente diga: hay otro mundo posible.”

Retomando a Cabaret Misterio. Dime, a catorce años de su fundación ¿cómo lo sientes en este momento, qué ha cambiado desde entonces hasta hoy?

Tengo más claro ciertos objetivos. Todo empezó con el primer montaje de cabaret, la pastorela Fue niña, escrita por Jesusa Rodríguez. Yo la dirijo. Al mismo tiempo hice algo para Eugenia Pregunta, que iba mezclando la danza y la muerte en el teatro. Entonces ya tenía estas cosas que empezaban a conformar la idea de hacer una compañía. Le puse Teatro de Paz; luego aparece En Duende está el misterio, al inicio queríamos que el show se llamara “Cabaret Misterio”, pero el título para niños era muy fuerte, así que decidí cambiarlo a En Duende está el misterio, y dije: ¡Ah!, pues me quedo con el otro nombre (Cabaret Misterio) para esto que llamo compañía o proyecto, porque en realidad la compañía tal cual soy yo, y voy invitando colaboradores, hay unos que trabajan de manera permanente, pero toda la decisión artística es mía.

Ahora cuento con colaboradores más firmes, como Mercedes Hernández, Guillermina Campuzano, Ángeles Peralta, músicos y compositores, un escenógrafo y la maquinista, que siempre ha sido Castro. Lo que veo es una consolidación de las temáticas que abordo, tener una obra de repertorio y tener más claro cuál es mi discurso. Yo soy de “primero haces y luego te defines”, más que “primero sentémonos y hagamos un tratado de qué somos y luego hagámoslo”.

Durante estos catorce años trabajé con mucha gente, y estoy entendiendo cómo sostener un proyecto propio, sobre todo a nivel económico, porque ideas y ganas no faltan, pero ¿cómo hacer lo que me fui proponiendo —por lo menos hacer un montaje al año de algo mío?

Tengo muy claro que lo que hablo tiene que ver siempre con la identidad sexual, con cómo se construye y, por supuesto, con el buen cabaret que hacemos, la crítica social y política al poder. 

¿Hacia donde va ahora Cabaret Misterio?

Acabamos de terminar en La corrala del mitote, pero el siguiente año vamos a estar en temporada en el Centro Cultural Helénico. Y vienen nuevo proyectos.

Seguiría hacer más viajes internacionales, estamos en esa búsqueda. Tratar de expandir el cabaret y el mensaje en las miles de formas que se pueda.

El siguiente año también voy a hacer un show para niños sobre familias diversas, el cual estoy trabajando con Fernanda Tapia, con quien, en su programa, participo con las cápsulas del Doctor Misterio, hablando sobre todo de género.

 

¿Es más complicado producir teatro en México que en otros países?

Pues sí y no. Lo que vi increíble en España es la organización y la claridad, no porque sean mejores ni peores, sino por el sistema que existe en el teatro; pero lo que descubrí es que en México sí hacemos buen teatro y de calidad. Sí lo hacemos, tal vez tenemos que creérnosla más, pero sí lo hacemos.

Lo que falta es que llegue alguien que de verdad diga: “La cultura es algo increíble para la construcción de la sociedad”. Con el público infantil, los papás dicen: “mejor lo llevo a ver el show de botargas sobre hielo a arriesgarme en la cartelera”, nos falta que digan: “me arriesgo”.

Nos toca retomar los sábados y domingos para que haya teatro para los niños.

Un mensaje adicional que quisieras dar…

El arte sigue siendo un vínculo importante en la sociedad y en la comunidad, así que exhortaría a todas las personas a que vengan al cabaret, a que si no lo conocen, lo conozcan porque es un espacio donde nos podemos divertir, comunicar y crear o sembrar semillitas para iniciar el cambio que hace falta en el país. Entre menos educación haya, menos herramientas tienes para defenderte.

Lo que importa es hacer empatía y empezar a crear vínculos para ayudarnos.

No te puedes perder la primera parte de la entrevista, da click AQUI

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