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Por Denise Anzures
Fotografías: Google, revistaunam, limulus, twitter, carterea45,
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CASA CALABAZA en Carretera 45, CDMX

Maye, hacIa la revelación escénica de lo invisible.

Una brillante dramaturga a escena de la Ciudad de México.

El teatro -tal como la palabra-, requiere y reclama libertad, nos dice Artaud; es esta obsesión prístina de reiterar a través de la palabra, las obsesiones, apetitos e impulsos que nos empujan a expandirlas hacia una especie de revelación; allí, donde se genera un combate entre el escritor y la hoja de papel. 

Podemos imaginar a un escritor de la ciudad o el campo, sentado cómodamente; quizá la luz del día se filtre por sus ventanas; posiblemente acompañe este fulgor con una buena taza de café cuyo olor se impregne entre los inmensos libreros que acompañan la habitación. Para terminar de describir el deleite o la tribulación que signifique para él, pensar, reflexionar, urdir, imaginar acerca de sus inquietudes más profundas, quizá se detenga para seguir navegando en sus pensamientos, posiblemente de un rondín por las calles sin rumbo o en algún jardín para pensar.

Lo cierto, es que escribir es un acto de fe, un afán de narrarse a sí mismo, siempre persiguiendo el hilo de su propia existencia; ya lo dijo en su su momento Paul Auster, al recordarnos que escribir no es una cuestión de libre albedrío, es un acto de supervivencia; sin embargo, pienso en aquellos escritores que practican su oficio desde territorios verdaderamente marginales, ¿qué combate interno puede generarse en un autor que acaba de cometer un crimen?

Estos escritores macbethianos han sido protagonistas del horror, han hecho de lo trágico un elemento constitutivo para escribir, desafiando su propio demonio interior, tal como lo descubre Edipo frente al horror de su acto parricida. Este es el caso de María Elena Moreno Márquez, -Maye-, como la apodan sus compañeras de celda. Dramaturga y cuentista, esta escritora cumple una condena por homicidio en relación de parentesco. Desde la cárcel, Maye ha generado valiosos textos de aproximación al teatro y su escritura, bien articulados, con una gran fluidez de lenguaje, no con el afán de crear obras hermosas o relatarnos historias entretenidas; sus obras dejan un testimonio filosófico: nuestras vidas no nos pertenecen, pertenecen al poder de lo fortuito.

Una de sus obras más importantes lo es sin duda, Casa calabaza, un texto donde logra urdir sin pudor su caída, creando su propia ficción, dislocándose para crear cuatro personalidades, en tiempos distintos, pero en perpetuo conflicto. Su originalidad ha despertado en un grupo de artistas escénicos la necesidad expresiva, solidaria y humanista de llevarla al teatro.

Desde hace más de 25 años, el Programa Nacional de Teatro Penitenciario funciona como un programa de estímulo a la creación teatral, impulsado por la Secretaria de Gobernación y el Instituto Nacional de Bellas Artes, dirigido a toda la población penitenciaria del país. A lo largo de más de dos décadas, los internos han producido cientos de textos dramáticos, sin embargo, es la primera vez en la historia de la dramaturgia penitenciaria, que una de estas obras es llevada a un escenario profesional e independiente de la Ciudad de México.

Casa calabaza, se presentará en Carretera 45, los días 20 y 21 de octubre, bajo la dirección de Isael Almanza, con Erandeni Durán, Alfredo Monsiváis, Gloria Castro, Mireya González y Fátima Paola. Producción general, Denise Anzures, Producción ejecutiva, Paloma de la Riva, Diseño escénico, Natalia Sedano. Hay que ir a verla.

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