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Por Antonio Crestani
Fotografías: Deviantart, google, INBA, Lemis
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Homenaje a José Ramón Enríquez

JOSÉ RAMÓN ENRÍQUEZ RECIBE LA MEDALLA BELLAS ARTES 2016 POR SU OBRA TEATRAL Y POÉTICA. 

Me resulta imposible hablar objetivamente de José Ramón Enríquez.

No lo pretendo en este espacio ni me interesa intentarlo. Es uno de mis mejores amigos, un compañero fundamental de vida, un maestro sin par y un hombre poseedor de una ética inquebrantable a quien admiro y respeto profundamente. Además, es un hombre de fe al que hace nueve años tuve el atrevimiento de pedirle que, junto con Malena Mijares, apadrinara a Santiago, el mayor de mis hijos, y desde entonces también somos compadres. Ya mi hijo mide 1.80 cms.

Desde el primer contacto, José Ramón trascendió en mi vida artística y profesional. Lo conocí en 1989, hace 20 años, cuando impartía el curso de Vanguardias Teatrales en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM donde yo era alumno de segundo grado en la carrera de Actuación.

Tengo muy presente cómo cada martes y jueves resonaban con gran fuerza en el pequeño salón 1 del CUT los nombres de García Lorca, Jarry, Beckett, Ionesco, Pinter y Valle Inclán. Y, desde ese entonces, no me quedó la menor duda de su erudición y extraordinaria vocación de pedagogo.

Ahora, lamentablemente compruebo que la escasez de esta clase de guías en las escuelas de teatro provoca que, por ejemplo, me llegara a topar hace poco con una joven actriz que imaginaba que Valle Inclán era un recóndito lugar de Europa.

Creo que Pepe, como le dicen en su familia, en el fondo es un hombre bastante tímido al que le gusta hacerse el enfermo y pasar por viejecito para evitar cargar cosas. De cualquier tipo. Sin embargo, también es uno de los seres más generosos que he conocido.

Siempre está atento para abrir oportunidades al Otro. Conmigo comparte con gran pasión su visión del mundo, y desde temprano me permitió hacerme amigo de  sus amigos.

Y aunque como secuela algunas de sus enemistades sin ninguna razón también la agarraron contra mí, nunca me importó, porque la lista de sus afectos, que ahora también lo son míos, es excepcional: Ignacio Solares y Myrna Ortega, Malena Mijares, Ignacio Retes y Lucila Balzaretti, Bruce Swansey, Fernando y Lucía Serrano, Roger Bartra y Josefina Alcázar, Luis de Tavira, Miguel Ángel y María Inés Cárdenas, Guillermo Zermeño, Javier Ruiloba, Patricia Gaxiola, Ricardo Govela, Mario Ávila, Jesús Ochoa, Miguel Flores, Juan Ibarra, Emilio Guerrero, Francisco Noriega, Sergio Galindo y Paco Marín.

Amante de la palabra, escrita y hablada, pienso en José Ramón como el poeta del teatro mexicano.

Es el único de nuestros dramaturgos capaz de jugar con el lenguaje al mismo nivel que lo hicieran en su tiempo los barrocos del Siglo de Oro. Cargado siempre de sarcasmo, ternura y lucidez, su teatro resulta extraordinario por individual, y excéntrico, porque como él mismo advirtiera de un ciclo teatral que organizó en el Teatro Santa Catarina de la UNAM, se halla fuera del centro, alejado de los cánones del realismo, la anécdota, la circunstancia y la cuarta pared. ¡Cuántas veces has transgredido esos términos!

Para mí también es uno de los directores más arrojados de la escena mexicana. Confieso que cada vez que veo un montaje suyo, me provoca envidia su valor y osadía para acometer las tablas. Sin rodeos apuesta siempre por el actor, la palabra y el discurso con un rigor difícil de superar. Contrario a lo que muchos pudieran pensar nunca le importó hacer una carrera política.

Cotidianamente me llamaba o visitaba para compartirme el fastidio que le producía la responsabilidad administrativa de los cargos públicos que le restaban tiempo para escribir y que, estoy convencido, aceptó por compromiso ético con el teatro.

Hace unos años, con gran sabiduría quemó sus naves en la capital del país y partió a Mérida. En la Ciudad Blanca sus dolores de cabeza disminuyeron notablemente al grado que volvió a conducir y regresó al escenario.

Con Del principio, el final se dio la prueba de fuego. Le prometí que el día que actuara de nuevo estaría con él y lo acompañaría desde las butacas. No cabe duda  de que también es un gran actor.

Sigue pues, querido amigo, maestro y compadre sintiéndote muy antiguo y mareándote cuando en las frases de tus alumnos no encuentres el sujeto o predicado del verbo iniciar. Y, desde tus nuevas tierras, también sigue participándonos cada vez que escribes, diriges y actúas en este juego de espejos, en esta ceremonia litúrgica que es tu teatro.

Antonio Crestani es actor y director de escena, así como ha tenido varios cargos culturales en la Ciudad de México. Estuvo presente en el acto de entrega de la Medalla BELLAS ARTES a José Ramón Enríquez el 25 de agosto de 2016, a las 7:00 PM, junto a amigos y personalidades del Arte y la Cultura. 

Buscar en Librería Paso de Gato: cuaderno GUERRERO EN MI ESTUDIO, de Enríquez. Costo: $ 30. Martes a Domingo, 12:00 M a 8:00 PM. Centro Cultural Fernández Unsaín. Coyoacán. 

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