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Por Salvador Lemis
Fotografías: Google, hernangene, nouveaucolombier, escueladepayasos, facebook, twitter
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Presentación del libro EL ARTE DE SER PAYASO en Paso de Gato

SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA A HERNÁN GENÉ. AUTOR DE LOS LIBROS "DRAMATURGIA DEL CLOWN" Y "EL ARTE DE SER PAYASO". 

Hace muchos años vi en el Teatro Mella de La Habana su espectáculo Escuela de Payasos. Fue una experiencia inolvidable que nos movió a todos una ganas tremendas de hacer teatro de cambiar el teatro. ¿En qué medida la creación de Pitucón, Cucumelo, Petarda y los demás personajes, le marcó y le otorgó una brújula para el camino de búsquedas escénicas?

Aquí te refieres a la experiencia de El Clú del Claun (1987), el grupo de payasos del que yo formé parte durante los años 80’s en Buenos Aires y que tuvo una gran influencia en el teatro argentino que buscaba una transformación y que encontró en el mundo de los payasos –que era nuestro trabajo-una vía, al mismo tiempo que encontró otras posibles… y junto a mí estaban otros artistas, Batato Barea, Daniel Miranda, Guillermo Angelelli, Cristina Martí, Gabriel Chame Buendía. En ese espectáculo Cucumelo y Petarda eran los personajes de Guillermo Angelelli y Cristina Martí. El mío se llamaba Pitucón., no sólo el personaje, sino todo lo que ocurrió con El Clú del Claun, fue una entrada muy decisiva en la profesión. Yo hasta descubrí el payaso, el clown, en 1984. Llevaba casi diez años trabajando en teatro, pero nunca había encontrado el camino decidido a algo realmente personal y sobretodo divertido para mí como intérprete. Cuando descubrí el clown, descubrí que podía trabajar de una manera diferente a lo que estaba acostumbrado, a lo que se veía y entonces en los primeros tiempos los espectáculos de clown me enseñaron a estar en escena, me enseñaron a improvisar, me enseñaron a crear a partir de lo que dan los compañeros. Aprendí a escuchar, aprendí a dirigir teatro también, pero a los pocos años el clown se quedó en sí demasiado pequeño. Necesité hallar para mí más medios de expresión: el clown me resultaba muy limitado como director y como actor también. Empecé a buscar otras formas de teatro, que fue cuando conecté con el Odin y con Eugenio y con el teatro oriental y la danza y empecé a practicar otros instrumentos musicales… Y empecé a ver otro teatro. También vi ciertamente la posibilidad de vivir en Europa y me dio como “un carné” para ver los grandes directores de la segunda mitad del Siglo XX, ver sus espectáculos: el Odin, Pina Bausch, Peter Brook, Strehler. Podía ver muchas obras de ellos, no como cuando vivía en Argentina que sólo podía ver una o dos. De todo aquello me empecé a nutrir para ser quien yo soy en el escenario. Y esto comenzó ciertamente con El Clú del Claun.  Con el encuentro con el trabajo del clown. Al mismo tiempo mi principal formación como pedagogo, fue justamente desde el clown. Ahora en mi estudio en Madrid llevo adelante una formación mucho más completa, aparte de que sigo dando cursos del clown y de dramaturgia del clown.

Busco un actor que conozca muchas herramientas, un derivado de Lecoq, por ejemplo o de otros estilos en la escuela donde hacemos no sólo clown, sino también la tragedia, el melodrama, la composición física, el bufón, etc, así que esto es mi brújula que partió de ahí de esos personajes, especialmente del personaje Pitucón.

Con Juan Carlos Gené: EL CLÚ DEL CLAUN. 

¿Nuevos proyectos del incansable Hernán Gené?

Soy incansable, sí, pero la edad no perdona, pero ahora mismo estoy preparando un personaje solo, monólogo le dicen. Justamente está bastante alejado del clown, es un espectáculo con textos de Shakespeare que yo escribo, dirijo. Lo voy a estrenar en Madrid el 1 de octubre: estoy en plena etapa de creación y muy metido en ello. A finales de septiembre comienzan las clases regulares en mi estudio y además en la Universidad Rey Juan Carlos, donde soy profesor de  Teatro de la carrera de Artes Circenses y de la Escuela de Circo Carampa, de Madrid, donde también soy el profesor de teatro y de clown en la carrera de formación de artistas. Mientras tanto colaboro con varios artistas de distintas partes del mundo en algo que yo he llamado Laboratorio Permanente de Creación e Investigación; básicamente es gente que cree que puede recibir algo de ayuda de mi parte. Es un proyecto donde yo me traslado adonde me pidan o los artistas vienen a Madrid a trabajar porque tienen una idea para un espectáculo y no pueden o no saben cómo terminar de llevarlo adelante. O tienen un espectáculo y necesitan un ojo externo más fino que les ayude a redondear algo. O una parte de un espectáculo que no termina de funcionar… en fin. Tengo abiertos varios trabajos de estos. Ahora mismo ha venido un actor de Perú que vino a hacer este trabajo por un mes. Luego, estoy trabajando con una pareja de payasos, un inglés y una peruana, que vinieron de sus respectivos países. Nos juntamos ahora en la primera etapa de creación de un espectáculo y  la segunda parte será en el año 2017. También hay otro proyecto de estos a principios de octubre, con una compañía suiza. Tengo también pendiente el montaje que monto cada tanto con alumnos avanzados del estudio, unos que se van y regresan y ya tienen una vida profesional. Monto de vez en tanto espectáculos de estos para volver a trabajar juntos, para darles la oportunidad de poner en práctica aquello que se forma desde la teoría en la escuela durante el trabajo. Promociona el trabajo de la escuela. El año pasado montamos una versión de “George Dandin”, de Molière, que funcionó muy bien. Y ahora estoy pensando en llevar adelante alguna obra de Shakespeare que va a necesitar alguna dramaturgia severa. Y ahora no me acuerdo nada más. Me gustaría seguir viajando, dando cursos, encontrándome con gente, que es una de las cosas que más me gustan, que más me divierten.

Hernán Gené en la escuela Nouveau Colombier. 

¿Es una persona feliz? ¿Por qué?

La felicidad es un estado efímero, son instantes eternos como dice Borges. La eternidad del instante. Pero si no tengo ahora mismo mayores razones para no ser feliz, debo decir que sí, que me gusta la vida que llevo. Me gustaría ganar más dinero y poder vivir en una casa más cómoda y viajar más a menudo y no tener que estar preocupado por la inscripción de los alumnos o porque salga algún contrato… me gustaría no tener que aceptar algunas cosas que aceptas porque necesitas pagar la renta, pero realmente llevo una vida muy buena. Me considero muy afortunado. Soy muy afortunado. Tengo un pequeño prestigio en España y en América Latina como director y como maestro, que eso me hace muy bien. De pronto recibo devoluciones muy generosas y agradecidas de gente que me hacen ser agradecido yo también. Uno es lo que los demás le devuelven. Así que debo decir que sí, que soy feliz, porque hago lo que me gusta y porque no paso hambre por hacer lo que me gusta. Y porque no he tenido que alejarme mucho de mi profesión para poder sobrevivir. Siempre le digo a mis alumnos que si quiere ser artista, fotógrafo, actor, director de cine, a no ser que tengas muchísima buena suerte, tendrás que tener dos trabajos, tu trabajo como artista y otro que te dé de comer. Tu trabajo como artista te hace vivir y el otro te da de comer. Yo mismo me he formado como pedagogo justamente porque necesito comer. Por suerte mi trabajo como pedagogo está muy cerca de mi trabajo como director y como actor, pero no es “hacer teatro”. Dar clases no es “hacer teatro”. A las cinco o seis horas diarias como docente, tengo que sumarles las cinco o seis horas diarias de trabajo como actor. Y director. A veces es un poco duro, pero como digo, ambos trabajos están bastante cerca. Cuando las dos cosas se fusionan y puedo durante unos meses vivir de mi trabajo como actor o como directores de uno de esos instantes de felicidad de los que hablaba al principio, pero sí, estoy contento con la vida que tengo. Muchas gracias.

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