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Por Salvador Lemis
Fotografías: Google, eldiario-es, CCB, INBA, CNT , cervantes, lasprovincias
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El Diccionario, estreno de la Compañía Nacional de Teatro, México.

“EL DICCIONARIO”, DIRIGIDA POR ENRIQUE SINGER Y PROTAGONIZADA POR LUISA HUERTAS. COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO. OCTAVO CICLO: NUEVAS TEATRALIDADES.

OBRA ACERCA DE DOÑA MARÍA MOLINER: VOLUNTAD DE ESPÍRITU Y DESAFÍO DE ÉPOCA.

              “Sólo cuando me agujan la enhebra”. (Texto humorístico de María Moliner).

Una puesta en escena se distingue de lo que ofrece la actual cartelera mexicana de teatro: El Diccionario, una obra de Manuel Calzada con dirección de Enrique Singer y la actuación de Luisa Huertas, como María Moliner; Óscar Narváez como Fernando, esposo de la investigadora; Roberto Soto, Doctor; Israel Islas, Fernando-joven y Encargado de la depuración, así como Eduardo Candás en la voz del reportero de TV. 

¿Qué se puede decir de Luisa Huertas en este papel? Todo. El propio director Singer afirmó al final del estreno, entre los aplausos, que la mismísima María Moliner debió escogerla desde el cielo para interpretarla. El elenco fue ovacionado tres veces por un público  que no podía ocultar su emoción. Ocasión gratísima para saber que “aún pervive el buen teatro” en nuestros predios.

Huertas conmueve, apasiona, deslumbra. Porta con dignidad un papel que sólo alguien como ella, enamorada de la Palabra castellana, visionaria de imágenes supremas, inteligente y precisa, podría asumirlo.

Huertas da vida a la gran María Moliner (1900-1981), autora del Diccionario de Uso del Español. Son dos mujeres que –como en el mural de la  Capilla Sixtina de Buonarroti en 1511- lograron rozar sus ánimas. Imprime humor delicadísimo y construye el personaje desde un afán incansable por decir la verdad, por defender lo sensible y lo cambiante de la lengua, así como por descubrir –desde sí misma y su trabajo – la esencia de la libertad. La libertad como conciencia de la necesidad y de la capacidad individual de elegir.

La obra se desarrolla alternando épocas: 1926, 1939, 1966, 1970, 1975 y 1981. A María Moliner nada la venció. Ni la muerte de su pequeña hija, ni la pérdida de su amado esposo Fernando en 1974, ni las torturas del régimen franquista (1939-1975) –mil veces maldito, como todas las dictaduras que hemos padecido-, ni las persecuciones y chantajes de las que fue objeto, ni el dolor de la soledad, ni la pérdida de facultades: porque estaba empeñada en legar una gran obra a la humanidad. Y cuando la meta humana es más grande que cualquier calamidad transitoria o cotidiana, los obstáculos empequeñecen ante la Voluntad.

Huertas sabe esto, porque ha vivido suficiente. Y es notorio que imprime de recuerdos personales el dolor de su personaje. Y de guiños supremos al espectador entrenado.

Los aplausos interminables a la actriz, que luce visiblemente emocionada. Noche de estreno. CCB. 

Los demás actores cumplen su función de “corte de lujo” que acompaña el rol de la primera actriz. Resalta la contraparte de Óscar Narváez: digno, limpio en acciones, potente en voz y presencia.  El Doctor que la somete a investigaciones de la mente, Roberto Soto, está bien. A menudo sus textos se resienten porque no son asertivos y subraya la petulancia. No hay que subvalorar al espectador: no hay que recalcar intenciones. Israel Islas está encantador y se agradece la frescura de sus entradas.

Enrique Singer se ha anotado otro gran éxito intelectual tras la extraordinaria puesta de “La Anarquista”, de David Mamet, con Lisa Owen y Marina de Tavira. Otra exquisita puesta reciente.

María Moliner de joven.

Impresionante, complejo y sencillo a la par el dispositivo escénico creado por Auda Caraza y Atenea Chávez Miramontes, con un inmenso muro blanco diseñado con pequeñas notas blancas del proceso de escritura de la Moliner. Fichas que se van desprendiendo a través del deterioro mental de la investigadora y caen, como hojas de otoño, para dejar un abismo negro al fondo. Ya desahuciada, María, durante un instante que hiela la sangre del espectador, mete el brazo por una de las hendijas para tocar la Nada.

El diseño de iluminación soñado y plasmado por Víctor Zapatero es fino, preciso, como por zonas de una inquieta mujercita que pasa de una cuadrícula espacial a otra, alternando cronotopos, siguiendo un hilo de Ariadna sutil que entreteje etapas de vida.

Maquillaje y peinados de Maricela Estrada, ofrecen un toque esencial a los cambios de tiempo y al paso de las épocas. Así como el vestuario diseñado por Estela Fagoaga. La música original de Antonio Fernández, del SNC-FONCA es un aderezo magistral para resaltar los paisajes mentales de la protagonista y la zozobra de la oscura época del Generalísimo.

Producción ejecutiva de Shelley Producciones, S.A. de C.V., presentada por la Secretaría de Cultura de México. 2016. (Octavo ciclo: Nuevas Teatralidades). Asistente de dirección de Daniela Yoffe y asistencia de escenografía de María Pérez Castellá. Y agradecimiento al Dr. Daniel Sámano. Con un buen desempeño de la planta técnica de la Sala “Xavier Villaurrutia”, del Centro Cultural del Bosque, bajo la coordinación de Alfredo Jiménez Juárez.  

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