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Por Alberto Legorreta Buendía
Fotografías: Google, batanga, mistatic, Proceso, cartelera
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Estela Leñero y sus recuerdos acerca de Leonora

Remedios para el alma... de Leonora.

Obra de Estela Leñero.

Conocí a Alberto Estrella una misteriosa noche de hace ya veinte y hartos años en el Blockbuster de Avenida Nuevo León y casi Bajío, en la Colonia Condesa.

Él muy atento miraba películas (me hubiera gustado saber cuáles para llevar las mismas en un ritual iniciático "casi robado", que seguramente me hubiera fascinado y enamorado más de su trabajo), entre los anaqueles de aquel centro de encuentro, un tanto comercial, para todos los cinéfilos de las colonias circunvecinas. A este actor le había admirado por largos años, y con mi muy reciente egreso como actor del Centro Universitario de Teatro en la U.N.A.M., me sentí ya muy próximo a quien desde muy jovencito se había consolidado como uno de los actores más contundentes, poderosos y bellos del medio del espectáculo mexicano.

Muchos encuentros han ocurrido con Alberto Estrella desde entonces; contando con su generosidad como Ser Humano en todos ellos, incluso un desafortunado desencuentro a partir de mi colaboración con un festival de cortometraje de un Instituto de Cultura cuyo célebre nombre he olvidado... hecho que me alejó un poco de uno de mis más admirados, respetados y queridos actores. Sin embargo, siempre pendiente de su intenso trabajo como actor, director, productor y promotor cultural, hace algunos años vi como se consolidó su esfuerzo con la fundación del El Círculo Teatral; espacio de diálogo escénico inmerso en la colonia Condesa, en ese bellísimo bulevar que en otrora tuviera entre sus legendarios empedrados los pasos de mi admirada Asuntta Adelaide Luigia Modotti Mondini, Tina Modotti. Es en El Círculo Teatral donde -a partir del 13 de julio- reestrena un mágico encuentro y retoma afortunadamente su temporada 2016 la obra Remedios para Leonora, enigmático texto de Estela Leñero, dirigido por Gema Aparicio Santos; una de mis brújulas, de mis brujas blancas desde aquel tiempo pasado en el Centro Universitario de Teatro. Una disección a la vida de dos oníricas "personajas" de nuestra cultura heredada del exilio, de nuestra historia plástica, de nuestros sueños y recuerdos.

En un suave vaivén de datos biográficos en torno a sus vidas, apenas intuidos por mi ignorancia, Estela borda un manto celeste cargado de signos, señales, que lejos de pretender representar a la legendaria pintura o el universo de estas dos enigmáticas pintoras, nos hacen palpar los elementos de vida el porqué de las miradas, el porqué de sus gatos, de sus caballas y gatos, los porqué de un todo y un estilo, que aún en nuestros más intrincados sueños no podríamos crear, porque tendríamos que ser ellas, mujeres, tendríamos que haber visto, olido, saboreado y escuchado a través de sus sentidos... para medio interpretar (sin duda cual petulantes críticos teatrales), ese universo cargado de estrellas que ellas con la grandeza creadora de su género tomaron con sus manos y en una necesidad de comunicar lo que era ser mujer en aquellos momentos, plasmaron en lienzos, esculturas y libros.

Un espacio escénico cargado en sí mismo de simbolismo diseñado por su escenógrafa y productora ejecutiva Carolina Jiménez, sobrio, quien construye con la virtud de la regla y su propio compás un octágono blanco, impoluto como el limbo, con una torre central cual aguja de brújula que nos ayuda a "orientarnos" en ocasiones mediante la imagen; torre de Rapunzel desde donde Remedios muy al principio nos lanza su abundante cabellera para ser rescatada, torre que muy a la manera antigua, como cajita de sorpresa, nos iluminara respecto a la vida, sensibilidad, recuerdos y reflexiones de dos de nuestras más grandes pintoras surrealistas mexicanas Remedios Varo y Leonora Carrington.

Remedios Varo.

Generosamente Estela Leñero es la pitonisa, y entre los estertores de una agonía, nos brinda la posibilidad de remediarnos, rescatarnos a nosotros mismos.

Leonora Carrington. 

Quién mejor que otra celebrante del teatro para entender ese universo cargado de elementos femeninos, la directora, pieza fascinante de sensibilidad en nuestra escena teatral nacional, reitero, brújula de mi sensibilidad un tanto adormilada, bruja blanca de mis recuerdos, de mis encuentros de amor ya lejanos y de los que vienen o se anuncian renuentes en este nuevo siglo.

Gema Aparicio Santos vive en aquella torre desde donde, como el justo, grita en contra del fascismo, de la inmundicia que nubla la niñez de las niñas, maldice a los que quieren imponer sistemas, a los tiranos a "Francos" y corrompidos. En una síncopa armoniosa, Gema y Estela erigen ahora un nuevo reflejo en esta ocasión hasta Leonora, una Leonora que sufre aún por su Max perdido, porque ve su piel que se mancha, que se cuelga, por sus ojos caídos; Leonora que sin necesidad de compartir un género todos llevamos dentro y vemos morir inermes desde un mágico organismo.

Soberbia y radiante, con una contundente madurez escénica, vengadora siempre de las mujeres, Bertha Vega se transmuta con toda la facilidad de la intuición, de la vivencia escénica y el talento en Leonora, y nos hace vivir lo sufrido, la ausencia de su amada Remedios, las tragedias de su vida en el exilio, ignorada por su natal Inglaterra, agradecida, devorada por esta patria mexicana que le homenajeó hasta matarla, como la pintora, escritora, escultora lo dijo.  

Óleo de Remedios. 

Joven  y madura actriz, viva en mis recuerdos al final de la adolescencia, se erige reina de aquel laberinto y, acompañada de su princesa y cómplice Remedios, juegan entre las estrellas, miman a los gatos, dan vida a rituales y muñecas, inhalan tabaco y vino, y viajan por ese umbral que todos esperamos en el más recóndito deseo de volver a lo olvidado, a lo bendito.

Leonora y Remedios cobran vida desde la agonía de la muerte, Bertha Vega y Gabriela Betancourt dos actrices, jóvenes, maduras, amueblan con cajas, pinceles histriónicos, y telas aquel delicado limbo.

Óleo de Leonora.

Pocas serían las palabras que desde un mundo onírico pretendieran describir ese breve viaje, preciso viaje a la vida de estas dos admiradas pintoras que hasta la más avanzada tecnología se ha rendido a sus pies. Pretenciosas las palabras si fueran muchas, si desearan contar lo que en esa torre he vivido, y por ello solamente estos cariñosos remedios para el alma, para mi alma, breves, grandes remedios para todo un siglo, desde una Leonora que yace entre nosotros y una Remedios que desde un eucalipto nos brinda y se despide con un pincel, un cigarro y una copa de vino.

COLABORADOR CIUDAD OCIO:  Alberto Legorreta. Actor y Director teatral legorret@gmail.com    @LegorretAlbert

Mirar el mundo nunca fue más fascinante que desde estos ojos...

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