Menú Ciudad Ocio
'/>
Por Sixto Castro Santillán
Fotografías: google, inba, wordpress, sixtocastro
  • Comentarios

Colaboración de Sixto Castro Santillán a Ciudad Ocio. Foto: Pili Pala ("Andrónico")

DECANTACIÓN DE UN PROCESO DE FRACTURA II.

III

El teatro es, por demás sabido, un fenómeno político. Político en el sentido de un emplazamiento social y cultural que atiende a esferas de reacción y de fractura. Lehmann dice: todo puede tener una dimensión política a través de lo artístico. No así, pienso, en el sentido inverso. Para Ranciere, el concepto de lo político se entiende como: La política no es en un principio el ejercicio del poder y la lucha por el poder. Es ante todo la configuración de un espacio específico, la circunscripción de una esfera particular de experiencia, de objetos planteados como comunes y que responden a una decisión común, de sujetos considerados capaces de designar a esos objetos y de argumentar sobre ellos. Pero en el fenómeno “arte”, luego entonces “teatro”, esta dimensión política es volitiva, es consciente y se vuelve postura ante nuestros ojos. A lo que Ranciere comenta: El arte no es político en primer lugar por los mensajes y los sentimientos que se transmiten sobre el orden del mundo. No es político tampoco por la forma en la que representa las estructuras de la sociedad, los conflictos o las identidades de los grupos sociales. Es político por la distancia misma que guarda con relación a estas funciones, por el tipo de tiempo y de espacio que establece, por la manera en que divide ese tiempo y puebla ese espacio.   

Andrónico, dirigida por Sixto Castro. CDMX.  Foto: Pili Pala. 

IV

Priorizar sobre el tema por encima la anécdota ya nos sitúa un tanto en la confrontación que nos convoca: La imagen dramática versus la imagen posdramática. Aquí entran en juego: un dispositivo escénico complejo, la simultaneidad de signos, paisaje visual, sonoridad como elemento conductor, presencia de un coro en gran medida como elemento plástico compositivo en contraste con su debilidad dramática, collage, imagen, violencia, transgresión ¿Estos valores son privativos del teatro posdramático? De ninguna manera. Prefiero entonces llamarle procesos de fractura ¿Y qué fractura? Las estructuras convencionales. Ciertamente, los procesos de fractura apuestan por una deconstrucción de las zonas textuales que conviven en una puesta en escena. Es así que entonces se elabora un primer planteo de exploración e investigación: la horizontalidad de los sistemas de significación.  Partamos de esta definición: la horizontalidad otorga un principio de des-jerarquización donde todos los partícipes del proceso se colocan en un rango creador: actores, diseñadores, dramaturgos… todo el equipo está al servicio -en principio-, de generar un concepto de puesta en escena y este concepto no estará determinado por la figura de un director (O no en el sentido tradicional) Y esta des-jerarquización alcanza no sólo a los responsables, también a los distintos saberes de una puesta en escena.

La puesta en escena no está subordinada a una posible lectura de un texto escrito a priori. La dramaturgia textual es un proceso que camina con el actor, con el proceso de puesta en escena; a veces sucede que la dramaturgia escritural es el último sistema en llegar, pero es el que le otorga sentido a todo. Siendo un tejido de acciones, sigue siendo dramaturgia. Aun así, en el aporte poético del lenguaje y de la acción es donde encuentra su área de oportunidad. La acotación asumida desde la perspectiva de lo dramático encuentra de igual manera su valor en la zona poética; no así en las indicaciones de una posible puesta en escena.

La renuncia de un discurso acotacional no le otorga necesariamente a un texto carácter de fisura o de deconstrucción, si éste sigue fundamentado en la diégesis de sucesos; y por más que esté despegada una dramaturgia de linealidades y convencionalidades, si sigue conteniendo el elemento ficción dramática, obviamente seguirá siendo drama. 

La dramaturgia como concepto se vuelve extensiva a todos los saberes, si asumimos que la construcción textual y la imagen serán entonces una sola articulación de significantes, no de significados.

Es aquí donde encuentro la distinción de una imagen en condiciones dramáticas y una imagen en  condiciones posdramáticas. Mientras que la pulsa de una se ciñe a un discurso acotacional que posibilita la resolución de una puesta en escena en manos de un director, la otra entonces se posiciona en una zona de renuncia ¿Y a qué renuncia la imagen posdramática? A la insistencia de significado. La imagen entonces ya no se subordina a un proceso de intelección unívoco; abre los espectros para la decodificación desde la perspectiva del imaginario del espectador. No condiciona una lectura, pero sí encuadra percepciones. Y Baudrillard dirá: la espectacularización de los sistemas elimina las limítrofes entre estética, política y espectáculo.   

COLABORACIÓN: Sixto Castro Santillán.

Director y docente de Teatro con reconocimiento nacional e internacional. Becario FONCA Jóvenes Creadores 2014/2015. “Premio Nacional de Dramaturgia Joven: Gerardo Mancebo del Castillo 2014”. Ganador en dos ocasiones del “FITU UNAM” en su XXIII, XXI y en su XIX edición. Recientemente dirigió EL OJO DEL DIABLO, de Antonio Zúñiga y Bertolt Brecht en Universidad de las Artes, Aguascalientes, México. 2016.

Ponencia escrita en XI aforismos presentada en el V Coloquio de Teatro Contemporáneo en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes. Estas partes dan continuidad a la primera que ya publicamos en Ciudad Ocio. 2016. #ciudadocio #pasodegato #CDMX

Comentarios



Más Artículos

Ciudad Ocio | Footer