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Por Sergio Raúl López
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ENTREVISTA DE SERGIO RAÚL LÓPEZ

Convertido ahora en uno de los fotógrafos más influyentes en la creación del imaginario occidental del adolescente contemporáneo, así como uno de sus retratistas más veristas en el medio cinematográfico, Lawrence Donald Clark (Tulsa, 1943) –que tal es su nombre completo–, volvió al Bajío mexicano como una de las cabezas del jurado de la sección Ópera Prima Internacional del décimo cuarto Festival Internacional de Cine de Guanajuato, para reencontrarse con sus viejos recuerdos y confirmar el despertar fílmico y creativo en el que se encuentra desde hace algunos meses.

–No había visitado estas tierras desde finales de los sesenta. Tarde cuarenta años en volver, tengo un amigo pintor, quien se mudó acá en 1961, tras terminar la escuela de arte, y ha estado aquí cincuenta años, está casado con hijos y nietos, fue muy divertido verlo.

¿Qué tan reconocibles serían las calles empedradas, los rayos de sol a plomo, las colinas verdeciendo tantos años después? Con su andar calmo recorrió, afable, los rincones de ambas comunidades, protegido permanentemente por la fronda de su sombrero de ala, por   unas gafas oscuras y una camisola negra, inconfundible, y de ser posible, claro, con una copa de vino en la mano –aunque la entrevista transcurrió con mezcales de Jaral en caballito. Y con sus andares demostró que incluso en Estados Unidos es muy complicado financiar cualquier filme que no busque el lucro directo en cines, que no persiga el taquillazo.

Las suyas han sido tremendos éxitos, sobre todo la que significó su apabullante debut,Kids (Estados Unidos, 1995), pues se atrevió a mostrar en cine una cinta sobre adolescentes actuada por personajes reales y que correspondieran a la edad que supuestamente representan. Y de ahí ha proseguido una carrera intermitente con títulos como Bully (2001), en torno al hostigamiento entre niños –que ahora es motivo incluso de discusiones en el senado estadounidense–; Ken Park (2002), que fuera, en realidad, la primer historia que intentó llevar a la pantalla, y Wassup Rockers (2005), sobre un grupo de chavos que se alejan de su ghetto en la búsqueda de nuevas opciones. Una obra sin concesiones que retrata grupos marginales fruto más que de un cineasta, de un artista con más de cuarenta años como fotógrafo, cuya serie más famosa, Tulsa, ha sido de gran influencia en el retrato juvenil contemporáneo.

KEN PARK, que en México se distribuyó como PERVERSIÓN 

–El gran éxito de Kids ayudó a la carrera del guionisa, Harmony Korine, así como de buena parte del elenco.

–En realidad inició la carrera de Harmony y también la de Rosario (Dawson) y la de Chloë (Sevigny) y la de (Leo) Fitzpatrick y la de Justin Pierce, ninguno de ellos era actor sino chicos reales y ahora que son adultos son actores profesionales.

–Todos ellos son gente renombrada en la industria, ¿pero ese éxito comercial le ayudó a financiar su siguiente proyecto?

–No, no, no. Porque lo que Hollywood me quería poner a filmar era otra película tipo Kids, una malame llegaron cientos de guiones y todos trataban de chicos malos y muchos plagios de la original, malas versiones de la cinta original. Además, soy un director de corte final, nadie más lo decide y no dirigiré una película a menos que tenga el derecho a decidirlo, pero lograrlo es muy difícil, muy inusitado, especialmente en el sistema de los grandes estudios. Tenía un muy buen agente, de la vieja escuela, Bill Block, y me consiguió dirigir Historia Americana X (1998, finalmente dirigida por Tony Kaye) por 750 mil dólares, una fortuna, considerando que tendía unos 9 mil dólares en el banco y que gané 45 mil dólares por dirigir Kids, pero no iban a garantizarme el corte final así que di varias vueltas a la cuadra y simplemente no pude hacerlo. Pude irme en esa dirección y hacer películas de Hollywood, pero decidí dejarla pasar, no la hice.

–Eligió una forma distinta de trabajar.

–Sí, y  desde entonces me plantee que si no tengo el corte final, entonces no dirigiré un filme. Era venderme como artista y no iba a hacerlo, incluso por esa gran cantidad de dinero. Claro, en la actualidad jamás escucharás que alguien use el término venderse, es de los años 50 y ahora todo se trata de dinero, todo mundo piensa que será millonario a los 22 años, es un mundo diferente y pienso que soy muy viejo para cambiar. Nunca fui fotógrafo de moda para ganar más dinero, pero muchos elementos de mi fotografía han sido retomados para hacer grandes carreras y millones de dólares, volvieron chic la heroína y copiaron mis fotografías para venderle ropa a un gran número jóvenes. Yo siempre he hecho eso, no soy rico pero soy feliz y me encanta hacer mi trabajo.

–¿Qué tan definitorio para su carrera fue su pertenencia al mundo del arte, que no maneja cantidades tan grandes de dinero para producir obra ni tampoco busca el público masivo?

–Así soy yo y no hay nada malo en ello. No tengo nada en contra de los directores hollywoodenses, excepto los realmente malos como Michael Bay y ese tipo, ni los fotógrafos de moda, algunos son mis amigos, pero no es lo puedo hacer, sin importar qué tanto dinero tuviera me sentiría miserable, ese no soy yo.

–Siento que hubo una cierta apertura para filmar que ya no existe más, ¿hubiera podido filmar Kids una década después?

–Yo diría que cuatro o cinco años nunca hubiera podido filmar Kids. En esa época se hacían muchos filmes de manera independiente, existían distribuidores independientes, había muchas casas de arte que pasaban películas, era muy diferente. Pero los estudios comenzaron a absorber muchas de estas compañías , a comprarlas, y se volvió imposible obtener financiamiento. Y no es sino muy recientemente cuando hay dinero de vuelta, está cambiando poco a poco y estoy cruzando los dedos por hacer una nueva película. Acabo de decidirlo, ya no quiero hacer cintas en Hollywood, y bueno, en realidad nunca las hice excepto por Another Day in Paradise, con Melanie Griffith y Jimmy Wood. Estuve en París el invierno pasado, donde me organizaron una retrospectiva fotográfica en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París y exhibieron mis filmes en la Cinemateca de París, y conocí a un joven poeta francés, de 23 años, le pedí que escribiera un guión y lo hizo de forma brillante, estaremos filmando en mayo de 2012. Además, en los próximos meses intentaré un pequeño filme en digital en Texas, donde fui a un pequeño festival organizado por un amigo pintor, regresaré para hacer un teaser y reunir el poco dinero que se necesita.

También estuve en Cuba hace unos meses donde tuve una exposición fotográfica oficial, pero es el primer paso para poder hacer una película allá, ya tengo a alguien escribiendo el guión en este momento. También me gustaría hacer otra en México, en esta área en San Miguel y en Guanajuato. Así que quizá viajaré de país en país haciendo cine.

–¿Es un nuevo impulso para su carrera?

–Simplemente trato de mantenerme trabajando, ya no soy joven pero tengo muchas ideas y todavía tengo energía, así que todavía quiero producir. Aún hago fotografías. Intento mantenerme muy activo.

Confianza en patineta.

El entusiasmo juvenil no se ha perdido, los gritos de entusiasmo y las porras adolescentes de apoyo a las cintas en competencia no han disminuido un ápice. Pero ocurre que con el cambio de nombre, de Expresión en Corto a Festival Internacional de Cine Guanajuato, y además de siglas (ahora es GIFF, un acróstico en inglés) sí que se revelan los anhelos subconscientes de sus organizadores por ganar reconocimiento a nivel internacional, por atraer largometrajes a su competencia y, claro, dejar de especializarse en cortometraje. De buscar la madurez, pues. Y en el camino, se extrañan sus antiguas características: sentido de pertenencia, sencillez, organización y una selección imposible de ver en otras pantallas del país. Su grandeza se hallaba en lo discreto, en lo invisible, en lo local, pero ahora parecieran, sus organizadores, desinteresados por el público guanajuatense, por nutrirlos de cine, buscando figurar en Cannes, en el Oscar, en larguísimas ceremonias atestadas de discursos oficialistas y numerosos funcionarios.

Podríamos pedir, ilusos: ¡Más Expresión en corto, por favor!

Justo ese carácter juvenil, esa mirada a las comunidades invisibilizadas, ese temple de sencillez era más sencillo de encontrar en los miembros del jurado e invitados, desde el actor alemán Udo Kier, el fotógrafo Spencer Tunick, el director coreano Bong Joon Ho, el guionista Paul Schrader, la actriz Isela Vega o el propio Larry Clark, con quien prosigue la charla:

–¿Cómo fue su acercamiento a los jóvenes, a las patinetas, al mundo callejero, qué lo atrajo de esta cultura?

–Comencé fotografiando a mis amigos en Tulsa en 1962 y seguí durante casi diez años, así que lo convertí en una especie de antropología visual. Ese primer trabajo fue estructurado cinematográficamente, con muy pocas palabras, la historia es contada en fotografías a lo largo un periodo muy extenso. Hice una cantidad considerable de libros y muchas fotografías, pero siempre fui un narrador y siempre quise hacer películas, ser director. Pero durante mucho tiempo estuve jodido, fui un drogadicto y todas esas cosas. Fui capaz de hacer una película y conseguir los millones de dólares que se requieren hasta cuando quedé limpio, me puse en forma y ya que tenía hijos, decidí que no quería hablar sobre mí, sino hacer algo sobre los adolescentes contemporáneos, conocerlos y llegué a la conclusión que la cultura de los skaters era lo más interesante, lo eran visualmente al menos. Pasé mucho tiempo con ellos, escuché sus historias y aprendí a patinar, a los 50 años, me lesioné y me lastimé, pero me gané su respeto y su apoyo, me hice su amigo y logré su confianza.

Durante un periodo de dos años, al pasarla con ellos, fui desarrollando la idea de Kids,hice un primer tratamiento con un amigo que es novelista, Jim Lewis, y luego necesitaba a alguien que la escribiera, y en el parque Washington Square me encontré con Harmony Korine, recién graduado de la preparatoria, tendría unos 19 años. Me dijo que había escrito el guión de un cortometraje, una película de unos veinte minutos. Lo conocí dos veces, eso fue todo. Le pedí que me dejara ver ese guión, lo leí y era bueno, así que le pedí que escribiera el guión de Kids. Así Kids fue mi primera película en lugar de Ken Park porque todavía no estaba escrita, aún eran mis diarios. Yo quería que alguien de ese mundo, que conociera los diálogos y la manera como hablan esos chicos lo escribiera, pero el proyecto entero tiene que ver con la confianza y conocer a fondo a estos chicos, lo mismo que Ken Park, una película muy difícil de financiar.

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